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ENTREVISTA A MONS. ANTONIO BAYTER ABUD
VICARIO APOSTÓLICO
DEL VICARIATO DE INIRIDA – GUAINÍA – COLOMBIA
(PRIMERA PARTE)
Entrevista: Omer Giraldo mxy
Omer: Para comenzar cuéntele Mons. Bayter a las nuevas generaciones del IMEY en qué época fue usted superior general del Instituto
Mons. Bayter: Yo salí elegido como superior en el capítulo de 1972 y luego fui reelegido en el capítulo de 1978. O sea, estuve hasta el año de 1984.
O: De acuerdo a lo que ve usted actualmente del IMEY, comparado con esa época cuando usted estuvo al frente, qué diferencias percibe?
B: Hay situaciones muy distintas. En el primer período de superior la Iglesia apenas comenzaba a asimilar el Concilio Vaticano II. Esto obviamente también tocó al IMEY. En esa época comenzó la sacudida de la Iglesia latinoamericana con la teología de la liberación y la opción por los pobres. En la comunidad se dio esa doble vertiente bastante marcada. La tradicional de la Iglesia y otra vertiente que quería abrirse más hacia el compromiso con los pobres. Hacia fuera se dio la imagen de que el Instituto estaba más inclinado hacia el movimiento de Golconda que estaba generando un gran impacto a nivel nacional en aquel entonces; o sea, en la línea de la opción por los pobres, por la teología de la liberación. Comenzó entonces un período de desconfianza a nivel de la jerarquía eclesiástica por esas líneas que se estaban dando y por las actitudes de Monseñor Valencia Cano. Lo de Mons. Valencia venía desde antes cuando él lideró la creación del departamento de Misiones del CELAM antes de la conferencia de Medellín y lideró un movimiento en pro de la justicia con repercusiones nacionales. Cuando yo inicié como superior ya había muerto Mons. Valencia, pero se sentía la fuerza de su testimonio y su influencia en el Instituto. Estaban también los grupos de misioneros del Vaupés y de Buenaventura que asumieron esta línea en su trabajo pastoral. Estas tensiones repercutieron en la vida interna del Instituto, pues se formaron estas dos líneas o visiones opuestas, con muchas tensiones, rechazos mutuos, etc. Esto, naturalmente, influyó muchísimo en la formación.
O: Cómo le ayudo al Instituto a definir su identidad esta tensión entre las dos visiones o formas de concebir la opción misionera,
B: Yo pienso que este enfrentamiento no tocó directamente el carisma o la identidad del Instituto, pero sí influyó un poco en el sentido de que en esa época se enfatizaba más la línea de la “opción por los pobres”, compromiso emanado de la Conferencia de Medellín. Se dio una corriente que buscaba un compromiso con los pobres como línea central del Instituto y que el trabajo del Instituto no fuera Ad Gentes, sino en el ambiente latinoamericano.
O: Pero esto indica, padre Bayter, que esto sí tocó el carisma y la identidad del IMEY en el campo práctico!
B: Pero más a nivel de reflexión, de opinión de un grupo y en el compromiso con los pobres, yo diría que influyó más en la forma del compromiso, pues el Instituto siempre ha trabajo en ambientes pobres.
O: Cómo valora usted hoy esta influencia que viene de esa época?
B: En muchos aspectos fue una influencia positiva, pues ayudó a definir la necesidad de un compromiso más claro, más solidario a favor de las clases menos favorecidas en donde quiera que estuviésemos presentes. Pero también tuvo una influencia negativa, siento que también le hizo mucho mal al Instituto, pues comenzó a identificarse la opción con los pobres con la lucha de clases y todo lo que implicaba esta ideología. Esto le hizo mal al Instituto, pues trajo como consecuencia la reacción de los otros, en donde el que hablara mucho de eso era tildado, no como el que había asimilado muy bien su amor a los pobres como carisma del Instituto, sino como el que estaba luchando dentro de una ideología marxista. O sea, el problema fue que se ideologizó la opción por los pobres. Como consecuencia de estas reacciones encontradas tenemos por ejemplo el éxodo del grupo de Buenaventura y varios miembros del IMEY que trabajaban en el Vaupés y aisladamente de otras regiones. Toda esta situación, grosso modo, la viví durante mi primer período como superior.
O: Cuéntenos padre Bayter como fue el desarrollo posterior la reflexión entorno a la identidad y el carisma del Instituto. Qué elementos principales marcaron la marcha del Instituto durante su segundo período como superior del IMEY?
B: En el segundo período intentamos buscar un camino de reflexión sobre lo que entendíamos por Instituto de Misiones EXTRANJERAS de Yarumal, haciéndole el énfasis en “extranjeras”. Buscamos el profundizar en el documento Ad Gentes del Concilio. Es de tener presente que en el tiempo de Mons. Jaramillo, cuando él era superior general, se quiso abrir la cobertura del IMEY a otros continentes, a “ultramar”. Mons. Jaramillo en uno de sus viajes al Concilio había hecho contactos con Propaganda FIDE (así se llamaba) y con un obispo en África y se llegó a un acuerdo de enviar un grupo de misioneros del Instituto a un país africano, creo que a Uganda, no recuerdo bien ahora. Pero esto realmente no estaba tan dentro del carisma de la Comunidad en ese momento, tanto que se optó por buscar voluntarios.
O: En qué año más o menos fue esto?
B: Monseñor Correa fue elegido superior general en 1966; o sea esto fue en esos años previos, durante la realización del Concilio Vaticano II. Por esos años yo trabajaba en el seminario mayor, más o menos del 63 hacia delante. Lamentablemente este proyecto se interrumpió por varios problemas que se presentaron, comenzando por la lucha liberacionista en esos países africanos y por otra parte, por la división interna dentro del Instituto. Como consecuencia se postergó esa opción de salir a otro continente y por insinuación de la Santa Sede se asumieron peticiones de diócesis pobres de varios países de América Latina. El primer país fue Bolivia, en tiempos de Mons. Correa. Luego llegaron Venezuela y Ecuador. Esto, ciertamente, oxigenó la Comunidad, le dio un aire nuevo al Instituto por las situaciones internas que se estaban viviendo.
O: Cuando usted menciona, monseñor, la razón de “la división interna dentro del Instituto”, a qué se refiere, propiamente?
B: Es bueno recordar que varios años atrás, en 1956, a raíz de la visita del padre Hilario Albert, se le pidió al Instituto que saliera de las diócesis pobres de la Costa y se centrara a atender los territorios misionales que nos habían encomendado. Fue entonces cuando se definió la identidad del Instituto por la territoriedad. O sea, los ‘territorios de misión’ eran los encomendados a la Sagrada Congregación de la Evangelización de los Pueblos. Por aquel entonces teníamos la Prefectura Apostólica de Labateca, que después fue Arauca; la Prefectura Apostólica del Vaupés; hacia el año 53 se crearon los Vicariatos de Buenaventura y de Istmina. Así quedamos con 4 territorios. La orden era recoger y enviar los misioneros a estos territorios. Porqué menciono esto? Porque a raíz de este nuevo estilo de trabajo se presentó un problema de relaciones MISIONERO – PRELADO. Generalmente estábamos trabajando en manos de Prelados propios de la Comunidad. Esto significaba que los prelados tenían conocimiento de los miembros de la Comunidad y, por lo general, cuando un misionero tenía un problema con el prelado, se le cerraban las puertas a ese misionero. Se estaba creando un límite de posibilidades para que el misionero trabajara. De allí que el abrirse a otros países de América Latina oxigenó mucho la vida interna del Instituto. En estos nuevos países se fue logrando una mejor presencia de los misioneros como Instituto o Sociedad Misionera, pues dentro de nuestros mismos territorios el obispo o prelado se consideraba superior de la Comunidad y el superior regional era muy secundario.
O: Cree usted Monseñor que esta oxigenación de salir a otros países ayudó a definir la identidad del IMEY de ser para “la misión”, cualquiera fuese el concepto de misión en ese entonces?
B : No necesariamente, pues a raíz del fracaso del primer intento de ir al África se adormeció esta identidad, pues el personal nos lo estaba absorbiendo Latinoamérica. Por ejemplo, por esos años no se sacaban a colación, aún, las frases misioneras del fundador que hoy conocemos muy bien. De dónde nació de nuevo el retomar ese aspecto del Carisma del IMEY. En el año 1974 se hizo la primera integración de Institutos Misioneros de América. En el mes de abril hubo una reunión en Maryknoll a la cual fuimos invitados los superiores de las Comunidades de América que tuviésemos un fin misionero. El objetivo era conocernos. Nos reunimos: Scarboro, Québec, Maryknoll, Guadalupe y Yarumal. Era una integración para conocernos y para apoyarnos en diversos servicios. Ese mismo año se programó otra reunión donde nos centramos más en el tipo de trabajo misionero que cada Comunidad realizaba. Luego programamos otro encuentro para celebrar los 25 años de fundación de los Misioneros de Guadalupe, de México. A partir de entonces se siguieron programando encuentros anuales, rotando en los diversos países, según las Comunidades. Esas comunidades comenzaron entonces a confrontarnos. Cómo es que nosotros decíamos que éramos “misioneros Ad Gentes” si sólo trabajábamos en Colombia y Latinoamérica.
O: El cuestionamiento de estos institutos misioneros hacia el nuestro era precisamente porque ya llevábamos el apelativo de “misiones extranjeras”, pero no veían cómo lo estuviésemos viviendo en la práctica, verdad?
B: Sí, esa era la inquietud. Pero resulta que las primeras generaciones de misioneros dentro de nuestro Instituto interpretaron “Ad exteras” o “Ad Gentes” no en el sentido de territorio fuera del país o del continente, sino a gente poco evangelizada dentro del país o del continente. Nuestro Instituto se limitó a los territorios de Propaganda Fide y Propaganda no nos dio territorios sino en Colombia. En ese tiempo siempre se identificaba ‘Ad Gentes’ con territorios misioneros y nos dieron fue territorios en Colombia. Otros Institutos Misioneros nacieron directamente con la mentalidad de prestar un servicio misionero en otros continentes. Es por esto, que estas comunidades nos cuestionaron y me ofrecieron la posibilidad de que fuésemos a conocer otras latitudes y que trabajáramos en proyectos conjuntos. Estas reuniones e intentos de integraciones se dieron durante mi primer período. Ya para entonces comenzamos a enviar seminaristas a Maryknoll para que aprendieran otras lenguas y se abrieran a otras expresiones y concepciones. Terminando mi primer período como superior habíamos conversado con los Misioneros de Maryknoll para hacer la primera integración de un equipo con ellos. En el capitulo nuestro de 1978 se aprobó que se diera esta integración con Marynoll, Primero quisimos hacer una integración en Colombia y se propuso abrir la misión de Inírida, Guainía, como territorio de preparación para una misión hacia fuera. Por ese tiempo se enviaron a Guainía a los padres Ancizar Cadavid y José Luis Martínez y los de Maryknoll enviarían otros dos. Sin embargo, no se pudo lograr el inicio del proyecto porque Los Misioneros de Maryknoll en su capítulo no lograron aprobar esta propuesta. Esto trajo como resultado un retraso en el proyecto.
O: Cómo se dio luego la integración con los Misioneros de Guadalupe?
B. En una reunión de superiores generales en Roma en 1979, o quizás a comienzos de 1980, el padre Rodolfo Navarro, superior de los Misioneros de Guadalupe, me propuso una integración con ellos, al conocer que no se había podido cristalizar la asociación con Maryknoll. Habíamos intentado primero con los de Maryknoll porque con ellos teníamos desde años atrás la integración con estudiantes y el apoyo económico que le daban a nuestro Instituto. El padre Rodolfo nos invitó a visitar algunas de sus misiones en África. Intentamos primero Angola, pero no logramos conseguir la visa. Fuimos primero a Kenya y a finales del año fuimos a Angola. Después de estas dos visitas decidimos iniciar la integración en estos dos países, con los padres José Rosario y Luis Carlos para Kenya y Jaime Ossa y Oscar Cadavid para Angola.
O: De acuerdo a su conocimiento del proceso que ha vivido el IMEY con relación a su identidad y/o carisma cómo ve usted actualmente a nuestro Instituto al respecto?
B: Yo tengo una teoría que puede que sea herética para muchos pero que yo la sostengo de buena fe y con convicción. Siento que nuestro fundador no fue claro. A él le salió la idea de un celo misionero que es la identidad propia del fundador. Esa es la herencia principal que él nos dejo. Monseñor Builes fue descubriendo el mundo de la evangelización a través de una realidad, desde su experiencia de vida como parte del clero secular en el bajo Cauca. Seguramente me van a tirar piedra, pero yo siento que Monseñor Builes era “sustantivo”, no “adjetivo”. Es decir, Monseñor Builes buscaba la gloria de Dios y la salvación. El lugar para él era el mundo entero. Ese mismo problema se les presentó a las Teresitas con la corriente de las educadoras; pero el mismo fundador fue el que aprobó todos los colegios. Así mismo, los primeros compromisos nuestros fueron apoyados por el fundador. Aún a las
Teresitas que no tienen identidad de enfermeras, se le presentó a Monseñor Builes una necesidad en Santa Rosa de Oro en el Ecuador y aceptó la fundación y ahí siguen las Teresitas en una única casa como enfermeras. Todo esto me dice a mí que nuestro fundador era sustantivo, o sea, él se desvivía por la gloria de Dios. Dónde? En cualquier lugar. En qué forma? Como sea!
O: Este hecho cómo ha influido en la concreción de la identidad y/o carisma del IMEY?
B: Monseñor Builes era tan disperso al comienzo que la visita del padre Albert fue el que le ayudó a concretar la idea. Nosotros comenzamos al revés. O sea, por lo que no deberíamos ser para llegar a los que vamos siendo. Todas las otras comunidades misioneras comenzaron allá, nosotros comenzamos al revés. Es un proceso de historia que no se puede definir en un papel, sino con la vida. Un Instituto no se puede orientar por un fin que definimos sino por unos miembros que tienen que asumir ese fin. No fuimos claros desde el principio y por ello hemos venido cambiando según las circunstancias. Creo que dentro de ese proceso de vida es que debemos ir concretando cuál es nuestra identidad. Fíjese que primero se concebía la misión como “territorio misional”, luego nos abrimos a otros campos que no eran necesariamente “territorios”. Creo que siempre hemos tenido como criterio en la escogencia de lugares de trabajo el que fueren lugares pobres, de escasez de clero y esto se definió en las constituciones anteriores y sigue en las constituciones actuales. Ese fin fue redactado partiendo de la vida, no de la teoría. En el primer intento del envío de los misioneros que estaban en diócesis pobres hacia territorios de misión se dieron algunos éxodos, por ejemplo, Efraín Díaz, Marcos Díaz, Joaquín María Durán (quien posteriormente regresó a la Comunidad). En el famoso decreto de 1956 monseñor Builes aceptó lo que le pedía la Iglesia como misión en ese momento, no porque estuviera convencido de eso; y ahí me perdonan, otra herejía! O si estaba convencido, estaba convencido de una misión que no era la que es misión, pues en el mismo decreto dice al final: –no recuerdo la frase precisa- “no se extrañen hijos míos que eso de parroquia y cuasiparroquia es lo mismo”. La determinación es clara, pero la mentalidad del obispo con relación a lo que entendía por “misión” siempre fue la misma. Yo creo, entonces, que no podemos hacerle decir al fundador algo que él tenía en una mente mucho más distinta a la que nosotros queremos que la tenga él.
O: Según esto, según su opinión, cuál debe ser el derrotero que debe seguir nuestro Instituto?
B: Yo creo que el derrotero está en la búsqueda dentro de esa decisión del fundador de entregar la Comunidad a Propaganda y Propaganda es la que orienta la misión a nivel de la Iglesia universal, esto unido a la reflexión teológica actual sobre la misión, las orientaciones del papa, etc., y que nosotros vayamos buscando caminos, no por decreto, sino por procesos de vida, con claridad hacia dónde vamos.
O: Cómo salirle al paso, monseñor, a una mentalidad que ha hecho carrera dentro de nuestro Instituto que afirma que es igual servir en cualquier parte?
B: Creo que debemos comenzar por respetar en nuestro Instituto las condiciones personales de los misioneros, especialmente a quienes sienten que se les cambiaron las normas de juego a última hora, que son los más antiguos. Esto requiere una espiritualidad y una ascesis de desprendimiento. Yo creo que los que abogan por una mayor concreción del carisma nunca han pretendido atropellar a nadie, pero algunos sí han dado a entender –y este es un error- que los que no asumen esta nueva línea son misioneros de segunda y estos de segunda calidad pertenecen a la Comunidad que ya no es la que ellos profesaron, sino la que la que se está creando. Este es un error grave, grave!. En el capitulo en el que eligieron a Edgar Tirado dije una frase que hirió a los superiores: “están atropellando la Comunidad”.
Omer Giraldo R. MXY
omergiraldo@yarumal.org and omergiraldo@gmail.com
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