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-MI REFLEXION SOBRE EL ARTICULO DE NICOLAS VASQUEZ MXY
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Mi reflexión sobre el artículo de Nicolás Vásquez M. mxy
Jesús E. Osorno G. mxy
1. Introducción
Leo, tal vez de los últimos en la familia MAB, “Yo, Cardenal del Diablo” del ahora Nikos Vásquez. El salto de un Nicolás de Cedeño a un Nikos griego, ya es bastante. Lo voy leyendo reposadamente, tomando notas, sin sobresaltos, sin aspavientos, sin temores, más bien cargando el alma de amor por Builes, por el autor, por el IMEY. Nicolás fue mi alumno y eso no añade ni quita nada a su artículo, ni a mí, pero me permite un trato más confidente y amistoso. Siempre lo he apreciado, valorado y estimulado. Cuando lo visité en Puerto Anboin, Angola, encontré la mejor experiencia misionera del IMEY en primer anuncio. Y creo que sigue en la misma línea de excelente evangelizador y pastoralista.
La primera reacción que suscita en mí este artículo, es de gratitud. ¿Por qué? Porque esto nos invita a la diversidad, a la pluralidad, a la aceptación mutua, a la tolerancia. “La intolerancia no es más que la angustia de no de tener razón”, dijo el físico Sajarov. El pasado ya está salvado. No pretendamos salvarlo de nuevo. Es el futuro el que Dios está salvando y debemos colaborar con Él. “Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho” (Walter Lippmann).
Hay una segunda reacción y ésta, muy fuerte. Es mi respeto a Nicolás por su testimonio “a despecho de todo ataque y distorsión de sus palabras…” Citando al entonces, teólogo cardenal Ratzinger, cuando definía así la tarea del teólogo: “La verdadera obediencia no es la obediencia de los aduladores, que evitan todo choque y ponen su intangible comodidad por encima de todas las cosas. Lo que necesita la Iglesia de hoy y de todos los tiempos no son panegiristas de lo existente, sino hombres con quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por la verdad; hombres que den testimonio a despecho de todo ataque y distorsión de sus palabras”. Esto es un buen signo de adultez. Bernanos denunciaba la terrible cobardía que hoy carcome a la Iglesia. No menos en el Instituto.
La misma Iglesia exige que haya “cardenales del diablo” y jamás los expulsa de su seno santo por hacer este oficio. ¿Qué problemas hay el que tengamos entre nosotros estos ‘eminentísimos cardenales’? Pensar con gente diferente temas comunes, le da a nuestra existencia riqueza, puntos de vista nuevos, confrontaciones, capacidad de disentir sin complejos de superioridad, o también de inferioridad, sin posesiones absolutistas de la verdad.
2. Mi amor a mi Padre Fundador
Conozco a mi Padre Fundador desde cuando yo tenía cinco años. Hacía su visita pastoral a un corregimiento de mi patria chica. Se iba a caballo. El lugar del ‘tope’ fue en mi casa. Creo que ya había en casa cuatro muchachos. Él entró hasta la cocina y llamó a mi madre para pedirle uno de sus hijos para el IMEY. Ella me miró y me puso en sus manos. No puedo olvidar este detalle. Me confirmó, me impuso la sotana en aquel tiempo, me dio todas las órdenes sagradas, me hizo sacerdote en el IMEY. ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo no sentir en carne propia lo que pueda afectar a su persona? “Cuantas menos condiciones se impongan al amor, mas alto se está en la escala de espiritualidad. Los santos aman con un amor absoluto, sin condiciones” (Jesús Rivera, “Peregrino de la Luz”, Hinneni, 1963, p. 32). Quisiera traspasar esa frontera de santidad y amarlo así simplemente. Pero ahora se me impone racionalizar un poco ese amor.
“Cuando una persona con unas sencillas palabras excita en nosotros una de esas emociones raras, repentinas, suaves, un tanto melancólicas y no obstante luminosas que nos hacen tomar conciencia del misterio de nuestro destino, cuando esto despierta en nosotros ese deseo del que habla Nietzche de llegar a ser lo que somos pero de una manera más noble, entonces decimos que ha pasado un ángel” (Jean Guitton, Retrato de Marta Robin, editorial Monte Carmelo, 2002, p 16). Para mí, este Ángel es mi Padre Fundador. Ha pasado por mi vida impregnándola, plenificándola. Lo que soy pasa por su carisma y santidad. No necesito separar el Ángel de Builes. Es uno.
No es un accidente ni un dato meramente investigativo, o de simple curiosidad, el que muchos/as, entre Ellos, Nicolás, hayan tenido que ver con su vida y milagros, o para ensalzarlo, o para denigrarlo, o para caricaturizarlo. Un proverbio chino dice que “El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo”. Y un proverbio africano complementa: “Se puede esconder el fuego, pero ¿qué hacer con el humo?”
No le tenemos miedo a su vida. Mejor que se le conozca y como es. Sin tapujos. Tampoco a sus escritos. No le tenemos miedo a sus críticos. Durante mucho tiempo nos los escondieron, los mitologizaron, estaban vedados, prohibidos para el común del pueblo. Poco a poco los fueron entregando a expertos, casi a privilegiados. Es hora de que bebamos en la propia fuente su verdad.
“Siempre existen tres enfoques en cada historia: Mi verdad, tu verdad y la verdad” reza un Proverbio latino.
“El valor de un hombre se mide por la cantidad de verdad que es capaz de soportar” (Nietzsche). La definición clásica de la verdad como “adaequatio rei et intellectus” (la conformidad de la inteligencia con el ser de las cosas) se entiende dentro del horizonte ontológico de conformidad entre el ser y el pensamiento. Sin embargo, el concepto bíblico de la verdad es ajeno a la mentalidad especulativa y la entiende en términos de fidelidad. La raíz hebrea aman significa ser consistente, estable, fundado y, por lo tanto, la verdad es un concepto de relación: Una relación correcta entre lo divino y lo humano configura la verdad más fundamental y fundante. Ese es mi Padre Fundador. Resiste la verdad. Pero en Él, la verdad se traduce en fidelidad. Esto es lo radical en su vida, en sus obras, en sus escritos. Fidelidad a Dios, a la Iglesia, al momento histórico, a su callado, a sus carismas. ¡Fidelidad!
Ortega y Gasset sustituye el “Super-hombre” de nietzsche, por el “hombre selecto”, el que se exige más que los demás”. Cuando hablamos de mi Padre Fundador no hablamos de un “super-hombre”. Pero sí hablamos del “hombre selecto”. Un hombre consciente de su misión, de su responsabilidad en su Iglesia particular, en la Iglesia universal, en su país.
En esta hora tenemos que avanzar en la búsqueda de la verdad de acuerdo al seguimiento de Jesús. El seguidor de Jesús no es «guardián» de la verdad sino «testigo». No ha venido tras las huellas de Jesús para ser legionario sino discípulo. Su quehacer no es disputar, combatir y derrotar a los adversarios, sino vivir la verdad del evangelio y comunicar la experiencia de Jesús que está cambiando su vida. El cristiano tampoco es «propietario» de la verdad, sino testigo. No impone su doctrina, no controla la fe de los demás, no pretende tener razón en todo. Vive convirtiéndose a Jesús, contagia la atracción que siente por él, ayuda a mirar hacia el evangelio, pone en todas partes la verdad de Jesús. La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda a la suya. Así he visto yo a mi Padre Fundador: Testigo, seguidor de Jesús. Lo hace desde su Yo profundo, desde su autenticidad.
3. Partiendo de lo positivo
Para dialogar sin condenar, que ya no sería dialogar, hay que partir de lo que nos une, los aspectos positivos que cada uno lleva en su bagaje, todo aquello bueno que nos permita construir juntos. El diálogo es hoy el instrumento prioritario del primer anuncio. ¿Por qué no comenzar por casa? Al menos como ejercicio pedagógico es válido. Yo encuentro muchas cosas positivas en el artículo de Nicolás.
3.1. Comienzo con una afirmación categórica del articulista: “…Tampoco lo condeno. El hecho de hacer hincapié en aquello que los otros pasan como "gato sobre brasa" no significa que yo no lo admire y lo pondere” (p. 3, párrafo 4, subrayado del autor). Esto es evangélico. Podemos no estar de acuerdo, pero jamás llegar a la condenación. Y si hay ‘admiración y ponderación’ sobre el sujeto en cuestión, lo demás es negociable. Así los términos no nos convenzan.
3.2. Otro aspecto positivo es la ponderación que se hace acerca de la dimensión humana de mi Padre Fundador (cfr. P. 2, párrafo 2; p. 17, párrafo 3; p. 20, último párrafo). Qué lástima que Nicolás no lo conoció personalmente. Sería ahora su panegirista. Encuentro un párrafo del escrito que comento, en la página 20 que nos ayuda en esta apreciación: “Builes fundador y obispo, por gracia de Dios fue alguien que no renunció a su corazón, ni a ser "humano, demasiado humano", ni a ser hombre”. Eso no quita la tortura interior de su corazón. Mounier lo expresa así: “Es necesaria una espina de angustia en el corazón de todas nuestras Bienaventuranzas”. Hombre de muchas bienaventuranzas, no le quitamos sus espinas que por ellas es más bienaventurado.
3.3. Un tercer elemento positivo lo encuentro en la insistencia que Nicolás hace sobre la santidad de mi Padre Fundador. No tanto por la insistencia, que quien mucho niega es porque la verdad le duele, sino más bien, porque estaríamos descubriendo cierto grado de humildad en nuestro hermano. Habla de limitaciones, de desconocimiento de la materia. Por ejemplo: “Y que conste que tengo una idea supremamente laxa de lo que es un santo” (p.3, párrafo 3). Se pregunta con desconcierto: “¿Cuál es la materia prima de la santidad?” (p. 21, párrafo 2). Desconoce la “línea divisoria entre normalidad, santidad y locura” (p. 16, párrafo 3). Esto me habla de fe. Pues, “una segura aceptación de sí mismo no se consigue por los logros personales, sino por la fe”, Gregory Baum.
3.4. Un cuarto y último elemento positivo que aporta a la conversación y que se desprende del documento en mención, lo encuentro en aquella afirmación que yo también puedo suscribir: “Builes no agota mi ideal de modelo de fe” (p. 3, párrafo 5). El único modelo es Jesucristo. Los santos nos dan la mano en este seguimiento. Hablar de paradigmas y hacerlo en y desde el IMEY, es peligroso, a no ser que se trate de un snobismo que ya no cuenta en nuestra temática. Y el mismo Jesús se remite al Padre: “Sean santos como mi Padre celestial es santo”. Esta variedad infinita de santidad en la Iglesia se sintetiza en la “comunión de los Santos”. En este camino de la santidad prima la libertad de elección.
4. Temas pendientes
Llamo así a algunos asuntos en los que no estoy de acuerdo con mi hermano. Lo hago con entera libertad. Con sumo respeto. Con afán de abrir espacios más amplios de conversación.
4.1. No puedo estar de acuerdo con el juicio vertido sobre mi Padre Fundador. Es un juicio en negatividad, casi en desprecio. El tratamiento dado en todo el discurso es amañado. Apelo a tres hombres del ámbito profano que nos señalan un modo más “humano” de acercamiento al otro:
“La vida nos enseña a ser menos rigurosos con los demás que con nosotros mismos”. Goethe. “Lo que afecta a los hombres no son los hechos sino las opiniones acerca de estos hechos”. Epitecto. Cita Carlos G. Valles s.j.
“Cuando más virtuoso es el hombre, menos acusa de vicios a los demás”. M. T. Cicerón
“Cuando encuentres a un hombre bueno, intenta imitarlo. Cuando veas a uno malo, examínate a ti mismo”. M: T: Cicerón. Son actitudes humanas enseñadas en contextos totalmente seculares, ni siquiera cristianos, que nos hablan de un sentido digno de comprensión del otro. Cuando somos duros en el juicio sobre el hermano, hay el peligro de proyectar nuestras propias fallas. “Ser fiel a nuestros antepasados, no es trasmitir las cenizas de su hogar, sino su llama” Jaurés.
“Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos” dijo José Saramago (uno de los personajes de la novela: “Ensayo sobre la ceguera) y William Shakespeare había dicho: “Yo soy lo que soy, y los que critican mis faltas no hacen sino contar las suyas propias”.
El primer tema pendiente es cómo descubrir este Yo profundo de nuestro Padre Fundador sin ocultar nada, pero en un sano equilibrio de luz y de sombras.
4.2. No puedo estar de acuerdo con la des-ubicación contextual que hace el autor de la persona de mi Padre Fundador. “Conoce los tiempos y conocerás la verdad” reza el axioma jurídico. El contexto histórico es fundamental para un veredicto justo acerca de un personaje. Las generaciones jóvenes del IMEY tienen que conocer los tiempos en que vivió nuestro Padre Fundador. Juzgarlo con los parámetros actuales es un pecado histórico. Es un desatino intelectual.
El mundo cambia según lo leamos en la clave del problema o en la clave del misterio… Hay otra manera de hacerse con la realidad. Partiendo del reconocimiento de que la realidad que manipulamos es incompleta, nos guardaremos de negar lo que no es abarcable en términos de problema, en cuyo caso tendremos que abrir la puerta al mundo de lo invisible, entendiendo por invisible lo que ha escapado a nuestra capacidad de abstracción. Hay parcelas de la realidad que siempre quedarán fuera del dominio de la abstracción: El “misterio”. Vivimos rodeados de misterio. Sin él nuestro cuerpo se convertiría en pura objetividad, algo manejable y fácilmente controlable desde fuera, un cuerpo sin “dentro”, sin interioridad. “Las cosas cambian radicalmente si el problema de la realidad del mundo invisible se plantea, no en términos de ‘existencia’ – de algo que está o no está -, sino en términos de ‘presencia’ de los seres amados.” Jesús Rivera ibidem ps. 142 y 144.
El segundo tema pendiente es el estudio serio, responsable del dato histórico en que vivió y le tocó actuar a mi Padre Fundador.
4.3. El articulista pareciera desconocer a sus lectores, interlocutores, el mundo universo a quien va dirigido su propósito. Hay una falta de respeto al sentimiento colectivo de todas y de todos Ellos/as. Hablar de sentimiento es hablar de una parte fundante de la persona humana. La relación de paternidad, de filiación, de fraternidad, de vocación, de carisma, todo esto implica un sentimiento que hoy llamamos sagrado. Tocarlo levanta resquemores incendiarios, masivos que puede ser peligroso acercarse. Es que constituye el núcleo último del ser humano, de la cultura, de los pueblos y, en nuestro caso, de nuestra familia MAB. No puedo estar de acuerdo con esta falta de respeto institucional, familiar, fundacional.
Claro que esto no afecta a mi Padre Fundador. Está por encima de todo esto. Su dignidad y grandeza superan todas nuestras mediocridades, prejuicios, miopías. “La única clave de auténtica dignidad es la que no sufre menoscabo con la falta de respeto de los demás. Por mucho que escupas a las cataratas del Niágara, no lograrás reducir su grandeza”, (Tony de Mello “La Rana” 2, p. 96).
El tercer tema pendiente es el estudio del “alma” MAB. Aquello profundo que nos identifica, que nos hace una familia, familia MAB. “¿Quien puede calcular la orbita de nuestra alma?” Oscar Wilde.
4.4. No estoy de acuerdo con la visión que se transmite en el artículo sobre la religiosidad popular. Es una visión iconoclasta. Quienes vivimos con verdadera pasión las décadas postconciliares, fines del sesenta y los setenta, supimos lo que fue el ataque inmisericorde a la religiosidad popular. Nos volvimos elitistas. Olvidamos al pueblo. Hoy cuando hablamos de inculturación sabemos que la religiosidad popular es la expresión de su espiritualidad, de su experiencia de Dios en sus propios moldes, con su propia sabiduría expresada a través de sus propios signos. No significa esto que no deba purificarse. Pero como hecho es contundente. Mi Padre Fundador es hijo de la religiosidad popular de una época concreta y todas sus expresiones responden a un período religioso de nuestros pueblos. Calificar de “poligamia” su religiosidad popular, es por lo menos, irrespetuoso, irreverente.
El cuarto tema pendiente es el estudio de la Inculturación y la relación con la religiosidad popular.
4.5. Tampoco estoy de acuerdo con el tratamiento que se da a la opción política de mi Padre Fundador. Quedarse en la mera clave política del Padre Fundador es perderse lo mejor de su vida, de su herencia, de la veta fecunda de su espiritualidad y su corazón planetario, misionero. Todo ser humano es político. No hay cómo desligar política de religión. Mahatma Gandi se expresa a este respecto así: “Los que dicen que la religión no tiene que ver con la política, no saben lo que es religión”. Y Desmond Tutú añade: “No hay más político que decir que la religión no tiene que ver con la política”. No se puede negar el liderazgo del Fundador. Pero no podemos tergiversar sus escritos sacándolos del contexto para hacerlo aparecer como hombre cruel, violento, intolerable. Si leo a Lucas 19, 27, y eso para tomar un texto al azar: “En cuanto a mis enemigos, esos que no me querían como Rey, tráiganlos acá y degüéllenlos en mi presencia”, y lo leo fuera de contexto, me llevaría a la conclusión nefasta de que el mismo Jesús opta por la violencia encarnizada.
El quinto tema pendiente es la opción política hoy.
4.6. No estoy de acuerdo con la proyección que hace Nicolás de la vida afectiva de mi Padre Fundador. Me da la impresión de ser algo enfermizo, no madurado, no reposado. Hay una confusión de fondo y es aquella de poner en el mismo caldero la amistad y la afectividad reprimida. ¡Qué diferencia! Cómo les hablaba Pablo a los Corintios: “Háganme un lugar en su corazón” 2cor. 7,2. Hay que descubrir mejor el corazón de mi Padre Fundador. Es una sinfonía, un volcán, una pasión. Claro que podemos afirmar ‘sin estar en las nubes’, que este hombre ‘espiritualizaba’ todas estas cataratas interiores. Era un músico, un romántico, un visionario. Qué bien nos dice Beethoven que “la música es una revelación más alta que la sabiduría”, y Jean Guitton añade, que “el místico puede pensarlo así de sus estados”. Por favor, no confundir enfermedad con mística.
Tocar el corazón de mi Padre Fundador, es tocar el corazón de la amistad. “Un amigo es un alma que habita en dos cuerpos”, decía Aristóteles. Y Flaubert acota: “Las almas mejor que los cuerpos, pueden estrecharse con delirio”. “Cada amistad despierta una faceta de nuestra personalidad, que, de otra manera, sin ese excitante, hubiese quedado latente y dormida” añade J. M .Cabodevilla. Hay que salvar este espacio de la amistad. Los místicos la llevan a la mayor altura desde la mayor profundidad.
Sexto tema pendiente: El estudio de la mística como sublimación de la amistad.
4.7. Finalmente no puedo estar de acuerdo con la soteriología que aparece como mensaje subliminar en todo el documento. Pareciera que se diera en la vida de mi Padre Fundador una lucha entre Iglesia y Reino, una presencia multiplicada del terror, un afán soterrado de protagonismo, una conciencia maniquea, una visión apocalíptica de la vida cristiana, un trato inhumano a su pueblo, a sus colaboradores inmediatos. El documento abunda en detalles celosamente seleccionados para hacer aparecer a su protagonista en picada de desactualización, deshumanización, sin virtud ni mérito alguno, como en un estado de masoquismo indefinido. Tanto afán me causa preocupación. Sin embargo, es fácil descubrir la otra cara de la moneda. Es otro el que conocemos, el que amamos.
Fue el gran Karl Ranher quien en la década de los sesenta se atrevió a hablar de la ‘evolución de la teología’. Seguro que la teología de mi Padre Fundador es la teología de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Ahí se quedó y lo hizo por fidelidad. Fidelidad al magisterio. En el Vaticano II del cual participó, terció con el ala derechista que comandaba la Curia de ese entonces. Pero eso no me lleva a descalificar su actitud, sus convicciones que supo llevar con altura y dignidad. Su fe estaba por encima de todos estos avatares. Su amor superaba cualquier mezquindad humana. Hombre de fe y de amor como su maestra y compañera, Santa Teresita.
Acá no me resisto a citar a Paul Valery, quien me ayuda en este campo: “Los hombres verdaderamente grandes están totalmente cercanos a los otros por lo mismo porque están alejados de ellos hasta el infinito. Pues ellos conservan en su relación con las cosas profundas y difíciles que forman su intimidad la misma sencillez y facilidad, siendo con ellas lo que son con todo el mundo: Familiares, delicados y verdaderos” (Cita Jean Guitton, ibidem p. 38). Cercano y lejano. Este es el desafío para la familia MAB. Su proyecto personal, espiritual, pastoral, misionero está en sintonía con el Plan de Dios. Luego es un proyecto de salvación enmarcado en la más rigurosa tradición eclesial. Nuestra teología hoy puede plantear las cosas desde una sana ortopraxis. Pero vamos en la misma caminada a la misma meta.
El séptimo tema pendiente es la cuestión, hoy muy discutida entre teólogos y misionólogos, acerca de la salvación.
5. Conclusión
Me ha interesado sobre manera el artículo de Nicolás. Es un planteamiento que ayuda a superar entre muchos, algunos temas tabú, lo intocable. Es alguien que se atreve y eso faltaba entre nosotros. Destaco su valentía. Pero me parece que lo más importante es poder conversar amigablemente, sin ofensas, con respeto.
Un descubrimiento que me ayuda a hacer este artículo es palpar los vacíos que tenemos como familia MAB acerca del dato histórico, de la política, de la religiosidad popular, la amistad, la mística. Hay temas más actuales que tienen una honda relación con la temática tratada. Temas como evangelización, inculturación, contextualización, interculturalidad, la misma soteriología. Son temas apasionantes hoy que como misioneros/as deberíamos abordar con lujo de competencia.
Una asignatura pendiente en el IMEY sigue siendo el Padre Fundador. ‘Él descansa en paz’, para citar a Nicolás, pero somos nosotros quienes NO podemos darnos ese lujo de un descanso que se traduciría en apatía, desconocimiento, falta de interés, desafecto.
Con sumo interés me he leído el libro de José del Rosario sobre mi Padre Fundador. Es un libro profundo y serio. Con anterioridad me había leído otros libros que han ido apareciendo en la familia MAB con esta temática. El artículo de Nicolás es una campanada. Hay que llegar al hombre, materia prima de la fe cristiana y de toda santidad.
Me he atrevido a disentir de Nicolás en varios puntos. Es mesa tendida para el diálogo.
Termino con una frase de Jean Guitton que nos ubica en el punto desde donde podemos mirar en la encrucijada actual a mi Padre Fundador: “Esta posthistoria, en la que entramos, puede tener dos sentidos: El uno de catástrofe, que se preludia en la sociedad robot; el otro de metástrofe, de paz, de espiritualidad, de “Reino”. Después de dos mil años de cristianismo virtual, vamos a vernos constreñidos por la fuerza de las cosas a elegir entre dos caminos, pues la zona intermedia en que al presente nos encontramos, no podrá durar. Jamás una generación se ha encontrado en tal dilema (Jean Guitton, ib. p. 215). En esta zona intermedia podemos descubrir hoy el testamento de nuestro Padre Fundador con audacia, con serenidad, con verdadera pasión en la construcción del Reino y con una espiritualidad que nos capacite para asumir semejante desafío.
Cochabamba 24.11.06
jesús e. osorno g. mxy
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