MISIONEROS DE YARUMAL, COLOMBIA

 

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No. 74 - 10 de mayo de 2006

Contenido

GRACIAS VILLAZÓN
DESDE LOS PEQUEÑOS RESPLANDECE LA VIDA
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GRACIAS VILLAZÓN
Jesús Emilio Osorno mxy
(Enviado por Germán Mejías)

 Presentación

 Me ha tocado hacer esta entrega. Con inmensa complacencia lo hago, sabiendo que soy un puente entre el Instituto y la Diócesis de Potosí. Dejamos todo como javerianos en manos del clero diocesano. Esta era nuestra meta. Y hoy puedo cumplirla. Soy portador de una satisfacción institucional. Los misioneros no tenemos anclas sino proas. Siempre miramos hacia delante y no nos detenemos. Cuando más, paramos la carpa, pero ensanchándola para que todos tengan cobijo.

A Villazón hemos llegado en peregrinaje. Hemos venido a saborear y a beber de estas aguas sapienciales de un pueblo fronterizo en continuo movimiento, en desafío permanente tan graves como el hecho mismo de arrebatar en competencia desigual, al sudor de cada día, el pan que asegura la subsistencia.

Esta “capital mundial del viento” nos lanza ahora a otros horizontes. Con el ímpetu que llegamos, salimos ahora. Pero con más fuerza. Nos acompaña la vitalidad y ensoñación que ustedes nos han contagiado. Como aprendices la hemos asimilado. Vamos empujados por ustedes. Ya han crecido mucho. Son Iglesia organizada. Basta poner en juego tantas virtualidades que han acumulado por generaciones. No quedan solos, quedan con su fe acrecentada, su amor acrisolado y su esperanza a prueba de montaña.

Conclusión

A pesar de ser tan gratificante, no me es fácil hacer esta entrega. Entre los derechos humanos falta uno que quiero innovar y ejercitar. Es el derecho a despedirse. Toda despedida deja jirones, rasgaduras, recuerdos, heridas, caminos transitados, presencias. Y esto junto pesa en el alma. El corazón se vuelve pequeño para recibir tantas miradas, desandar afectos, acumular amistades y llevarse todo un fardo acumulado. Sale un grito de lo hondo. Se les quiere bien, infinitamente, se les lleva dentro. El amor es eterno.

Juntos hemos hecho una caminada larga. Tan larga como una generación. Son casi treinta años. Suficiente para conocernos un poco, para aunar criterios, fijar metas, marcar itinerarios, definir horizontes, acumular energías.

Queda un sello imperecedero que no quisiera que se borrara jamás: el Carisma Misionero. Esta es la razón de esta despedida. El misionero/a es itinerante, el misionero/a lleva en su pecho ascuas, fuego, pasión por el Evangelio, por Jesucristo. Esto les dejamos. Si esto no fuera cierto, nuestro paso por acá habría sido en balde. Hacía tiempo que tendríamos que habernos ido, mejor, ustedes nos deberían haber echado antes.

Para dejar este informe completo, permítanme tres palabras esculpidas en cada corazón y en cada rincón del alma. Una primera palabra: GRATITUD. Nos acogieron, nos recibieron, nos aceptaron, nos toleraron, nos dieron afecto, nos comprendieron en nuestras limitaciones sentidas, nos hicieron parte de su familia, de su cultura. La gratitud es la memoria del corazón. Queremos ser agradecidos. Queremos seguir en esta sintonía.

Una segunda palabra es: PERDON. Somos tan limitados, tan pequeños, tan humanos, tan susceptibles a equivocarnos que de seguro haya alguien a quien hemos podido ofender con nuestras actitudes, desplantes, preferencias, o antitestimonios. Presento a nombre propio y a nombre de mi Institución Misionera millones de disculpas. De nuestra parte no tenemos a quien disculpar. Han sido tan generosos, tan amables, tan comprensibles que todo queda como ofrenda de reconocimiento invaluable a la acogida que nos han brindado.

Una tercera palabra es: ANIMO, p’adelante. Fuerza, valor, energía. La fe no es una conquista ni un diploma conseguido a base de méritos personales. La fe es más bien un itinerario con sus consiguientes fatigas, dudas, sorpresas, novedad, incertidumbre, rayos de luz y zonas de oscuridad. La fe se nos concede cada día como don, como gracia.

En nuestra caminada hace falta que alguien nos dé palmaditas al hombro, susurre palabras de entusiasmo, tome la vanguardia e invite a caminar. Tal vez este fue nuestro trabajo en estos casi treinta años de estada con ustedes. Acompañarles, enfervorizarles, abrirles horizontes, descubrirles potencialidades, brindarles oportunidades, dejar que Dios los sorprendiera en algún lugar, sobre todo, en su corazón, en su familia, en sus grupos apostólicos.

Los/as misioneros/as tenemos un corazón planetario, universal. Que cada corazón villasonense rompa toda atadura y se abra al mundo universo, es la meta que como javerianos nos hemos planteado en toda nuestra acción apostólica con ustedes. Abran su corazón a la Misión, al Evangelio, a Jesucristo.

Mis mejores augurios de éxito cumplido a nuestros hermanos sacerdotes del clero potosino que ahora nos suceden. No es una herencia, es el corazón lo que dejamos.

Villazón, Abril 30 del 2006.

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DESDE LOS PEQUEÑOS RESPLANDECE LA VIDA

FABIAN LOPEZ ARIAS, mxy
Caisilla, abril 29 del 2006

Quiero mirar en lo profundo de mi mismo
Contarme sueños e ilusiones
Dejar este tiempo aburrido
Y correr tras esos sueños
Como siguiendo al viento
Hacer mi deseo de amor
Quiero seguir aunque el corazón
No pueda hablar

Hace frío de un día cualquiera, el viento helado se hace sentir con fuerza, al horizonte se dejan ver las montañas medio cubiertas de nieve, los cerros están blancos, ayer nevó. El paisaje es majestuoso, nos recuerda que estamos en medio de los Andes. El viento sopla por todos lados, golpea los cerros como jugueteando a la esperanza. Las pequeñas casas se pierden en el horizonte, la gente prepara sus tierras para la siembra, en el rostro de la gente hay preocupación por la falta de agua. Todo es incierto, preparan la tierra con la esperanza de que todo ira mejor; pero la verdad es que la realidad muestra otra cosa. La inmigración es fuerte, ya se han ido casi todos los jóvenes. Solo se quedan niños y ancianos.

Es mañana fría y Caisilla (comunidad del cantón Yawisla - Vitichi). Todo es silencio, sin embargo, no pierden la esperanza, aún hay fuerza para ofrecer a La Pachamama, para danzar, compartir en la minq`a. Tantos años resistiendo en medio del desespero.

Quien se acerca al sufrimiento y la lucha de los pueblos originarios y trata de acompañar la vida cotidiana de las comunidades. Siempre se sorprenden con la fuerza que encuentran todavía para manifestar la esperanza, la alegría, la fiesta permanente, aun cuando el proyecto perverso del neoliberalismo los quiere destinar al exterminio como pueblos, porque en las mentes neoliberales los pueblos indígenas son un estorbo. Eso es palpable en todo lo vivido en Bolivia a lo largo de su historia en los últimos casi 514 años.

Es imposible caminar desde la Fe en medio de estos pueblos, al mismo tiempo comulgar con el neoliberalismo. Cómo es imposible no dejarse tocar por esta realidad cuando se nos ha dado la oportunidad de acercarnos a ella.

Es verdad que aunque no somos de ahí. Tenemos la posibilidad de tomar conciencia de esta realidad y optar por ella, por nuestros hermanos y desde esta opción hacer camino, hacer experiencia, no desde nosotros, sino desde ellos; sumergirnos en la experiencia de lo sagrado desde ellos, como pueblo, no desde nuestro concepto de lo sagrado, sino desde la experiencia que ellos poseen dejando enriquecer nuestra propia experiencia de Dios en actitud humilde, que nace del dialogo y del espíritu de la reciprocidad. Es aquí donde hay la posibilidad de vivir el misterio de Dios, saliendo de nuestros propios esquemas, en dirección al otro; conocer no solo su realidad sino también sus esperanzas, sus resistencias, además de su dolor hemos tenido la oportunidad de hacer camino entre las comunidades campesinas quechuas en el departamento de Potosí. Vivimos un momento propicio en la historia de nuestro pueblo, en donde las comunidades indígenas reclaman “presencia” después de toda una historia larga en que las cosas no han sido fáciles, pues ha sido demasiando tiempo de exclusión, invisibilidad, empobrecimiento, saqueo, de frustraciones. Un pueblo que ha resistido al exterminio, al desprecio, a las crueles dictaduras, a los gobiernos neoliberales; que sigue amenazado después de haberles masacrado las ilusiones a generaciones enteras.

Sentimos ahora que es un momento “propicio”, “Sacramental” para alimentar la utopía, los nuevos sueños de seguir viviendo este proceso de “despertar” que viven los pueblos originarios de Bolivia, siempre in visibilizados a pesar de ser la mayoría.

Es la posibilidad de hacerle frente al sistema perverso neoliberal que ahora más que nunca con su doctrina pragmática y cínica busca exterminar a los pueblos indígenas. Hay historias que no se pueden callar, ni silenciar, hay que proclamarlas. Esta historia si la callamos seríamos unos traidores a nuestra vocación a la que nos llama el Dios de la vida.

Estamos viviendo entre comunidades campesinas indígenas en una porción del Departamento al Sur de Potosí. Somos más de 60 Catequistas, laicos y agentes de pastoral, hacemos un esfuerzo grande para vivir en esperanza, no ha sido fácil pero nos mueve la convicción de que el neoliberalismo no tiene, ni puede tener la última palabra en la historia. Solo desde acá podemos descubrir que la resistencia, la fuerza como pueblo (dinámico en su cultura), solo se explica desde la experiencia que como pueblo viven de lo Sagrado. Dios está ahí haciendo historia. En su modo cultural.

Solo hablaremos de lo que hemos visto y vivido, lo que es la fuerza de los pequeños, que hace resplandecer la vida ante los signos de muerte impuestos por la injusticia estructurada y provocada por los poderosos.

La Comunidad es la fuerza de producción que une, agrupa a varias familias que se organizan para que la vida funcione. Son identificados por un territorio que los define y los lleva a vivir un sistema de gobierno propio, asumiendo responsabilidades como el servicio de autoridades dentro del espíritu del intercambio de la reciprocidad. En las asambleas definen las normas de convivencia, hablan de sus problemas, toman decisiones:

·                    Para nombrar autoridades

·                    Resolver conflictos

·                    Trabajos comunitarios

·                    Relaciones con organismos de afuera ( la Iglesia, gobierno, O.N.Gs).

·                    Arreglar caminos.

En la vida cotidiana de la comunidad se comparten trabajos y celebraciones. Se vive la fiesta como aquel espacio que genera compañerismo, solidaridad que los aglutina, en este espacio festivo se ratifican los roles y responsabilidades.

La comunidad asume sus propios símbolos que los identifica. Normalmente hay una parte en donde las casitas están agrupadas para que puedan abastecerse de lo necesario como es el agua y los pocos recursos que existen. Cada casa (familia) tiene un terreno, pero también están los cerros y montañas que se destinan al pastoreo común. Existe también el terreno comunal en donde se hace la minq`a en la siembra (el ayni) que va ayudar para el sustento de todos.

Los pueblos indígenas nos dan un nuevo paradigma, muestran que es posible otro mundo, mirado desde los pequeños; ajeno aquel sistema depredador que en la ambición de riquezas ha causado un desequilibrio natural, rompiendo y envenenando las relaciones de reciprocidad por la competitividad, dominación. . .

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MENSAJES RECIBIDOS

Compas de Sitio de Encuentro:

Mi saludo fraterno, solidario y efusivo. Leo con verdadera emoción el
recuento hecho por el compañero y hermano, padre Omer Giraldo, sobre el encuentro MISAL 2006. Yo viví esas experiencias en otro tiempo. Ahora las celebro desde el ruedo... que nuestro instituto haya sido el ANFITRIÓN no sólo es un honor, sino un gran compromiso. Qué regalo del SEÑOR para todos nosotros.

Ojalá sepamos leer entre líneas el mensaje de todo esto, como teología del acontecimiento, que se nos da, que se nos está dando... Mi congratulación para el Padre Jairo Hernán, nuestro Superior, por su elección como presidente de este grupo tan eclesial y tan misionero. Eclesial por lo misionero. Un saludo a quienes lo organizaron en el IMEY y desde el IMEY. Que nos digan a gritos las conclusiones que han sacado.

Con mi aprecio:
jesus osorno


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