GERARDO VALENCIA CANO MXY PROFETA MISIONERO
Darío Mejía Cataño mxy
Al llegar al Seminario de Misiones de Yarumal el 3 de julio para celebrar los ochenta años de fundación y entrando por la puerta principal al primer patio fuimos recibidos y abrazados con un nostálgico y a la vez alegre abrazo de los dos pabellones, el de San Javier y el de Santa Teresita bajo la mirada misericordiosa de la Virgen María sobre un monumento de cemento florado con pétalos blancos, la misma que otrora recibía las despedidas y saludos cantados cuando salían y regresaban los seminaristas de los paseos de día entero o cuando salían y regresaban de las vacaciones.
Pendientes de los corredores habían tres pendones, uno con el rostro de Mons. Miguel Ángel Builes con la fecha de la fundación y por consiguiente el fundador; al centro otro con la figura de líneas generales de Mons. Gerardo Valencia Cano con la inscripción: “El Profeta Latinoamericano” y un tercero con el retrato de Mons. Jesús Emilio Jaramillo Monsalve con el letrero: “Obispo mártir de Arauca”.
Llamó mucho la atención el anuncio del pendón de Mons. Valencia Cano: “El profeta latinoamericano”. Este nombre está diciendo lo que fue y es para nuestra historia “UN PROFETA”, el mismo se llamó: “Yo soy un profeta”.
Un profeta es el que desde la experiencia de la miseria del pueblo (El profeta es del pueblo y opta por el pueblo) denuncia la manipulación y la injusticia del poder, del tener, del placer, es decir del rey o del gobernante desde las exigencias de Dios o de la Justicia.
El profeta ataca al hombre poderoso allí donde no se siente o no quiere sentirse culpable, el que ve lo que otros no ven; pone de manifiesto las injusticias disimuladas de falsa culpabilidad y en las clases dominadas por la introyección o apropiación que han recibido al imitar en todo a sus propios opresores. Profeta es el que sabe ver cómo los acontecimientos actuales hacen parte de la Obra de Dios y sabe decir cuales objetivos se deben fijar ahora para cooperar útilmente a la construcción del Reino de Dios entre los hombres.
Dios no tiene boca para hablar. Los profetas son los portavoces de Dios. Antes no se había encontrado profetas. Solamente había magos, brujos, adivinos y videntes pero nadie que llamara a la conciencia de los hombres y que les dijera que hay que preparar a todos para formar el Reino de Dios.
Monseñor Valencia Cano es un profeta, un hombre de Dios y un visionario del momento que vivió y que aún perdura. A lo mejor diría como el profeta Jeremías: “Soy un muchacho… no sé hablar”. Monseñor tenía 34 años cuando lo nombraron Prefecto de Mitú, pero Cristo se anticipó diciéndole: “No se preocupe de lo que dirá y cómo lo dirá, pues el espíritu le dará palabras” y efectivamente leyó e interiorizó la palabra de Cristo DESTRUIR para EDIFICAR.
Eso es ser misionero y profeta. Lo vivió y lo comunicó a las comunidades creyentes del Vaupés, de Buenaventura, de Colombia y de Latinoamérica para animarlos, guiarlos y educarlos en función del porvenir o sea de la construcción del Reino de Dios entre los hombres.
Los verdaderos profetas y Mons. Valencia es uno de ellos, vivieron los tiempos más críticos e importantes de la historia humana y de la Iglesia de Juan XXIII, Dios lo hizo profeta para que hablara a las naciones de Latinoamérica a pesar de ser un muchacho, dijo lo que vió, le puso las palabras en su boca, le dio autoridad para arrancar, derribar, perder, destruir, plantar y edificar. A pesar de los riesgos de su temperamento tímido, pudo enfrentarse a los poderosos, sin temor “al que dirán”. No puede haber compromiso entre las apariencias de vida cristiana y la fé verdadera. El verdadero apóstol deberá destruir para edificar. ESO ES SER MISIONERO Y PROFETA.
Monseñor Valencia es profeta – misionero para eso nació y vivió, para ser un santo profeta – misionero. Profeta como los de la Biblia en los tiempos más críticos e importantes de la Historia Sagrada y de la Humanidad (Moisés, Elías, Jeremías, Juan Bautista y Jesús de Nazareth) Los profetas hablan de los acontecimientos de su tiempo, por eso cuesta entenderlos pero pronto serán conocidos y amigos nuestros.
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