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35 AÑOS DE RESURRECCION Y PROFECIA
GERARDO VALENCIA CANO
21 DE ENERO DE 1972 - 2007
Vicente Aníbal Pena mxy
La profecía de Monseñor Valencia sigue viva; se silencio su voz pero no su palabra. Su palabra ha quedado en los corazones y en la memoria del pueblo bonaverense, colombiano y latinoamericano, su palabra sigue siendo fuente de inspiración y esperanza para muchos cristianos y cristianas y gente de buena voluntad que luchan por la liberación de nuestros pueblos.
Su palabra ha trascendido las barreras del tiempo y del espacio; de las altas montañas de los farallones de Citará, ha llegado hasta los rincones más lejanos y no se ha envejecido con el paso de los años.
Monseñor Gerardo Valencia Cano es de indomable transparencia, presentar su pensamiento equivale a plasmar un compromiso radical especialmente con los negros, indios, cholos, campesinos, obreros, amas de casa, estudiantes, etc.
Actualmente es evidente que se ha hecho extensiva la denominada Nueva Evangelización. Y tan necesario es que la Evangelización debe constantemente renovarse para transmitir con eficacia y transparencia la Buena Nueva de Jesucristo. Si alguien empezó la Nueva Evangelización ineluctablemente fue Monseñor Valencia, no porque inventará métodos y contenidos nuevos, sino porque hizo sangre y vida, verdad e historia la doctrina del Evangelio.
Con el "HERMANO GERARDO" como le gustara que le llamasen, el evangelio fue efectivamente buena noticia para los negros y los pobres, por eso que Gerardo Valencia está presente en la evangelización actual. No basta hablar del Hermano Gerardo, hay que recordar lo que él dijo y, más aún se debe actualizar y aplicar su en los momentos actuales.
Revivir la Iglesia de Buenaventura es revivir la utopía de Gerardo Valencia, su Iglesia era noticia a nivel nacional e internacional, era buena noticia, una especie de continuación del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En lenguaje de Leonardo Boff se puede decir que, frente a la desgracia como dependencia y opresión estructural, la Iglesia de Buenaventura aparecía rodeada de una atmósfera de gracia con anhelo de libertad y proceso de liberación de toda forma de opresión venga donde viniera.
Estas reflexiones es en realidad una selección de textos de las homilías, charlas, conferencias, que Monseñor Valencia realizó hace más de treinta y cinco años. En estas reflexiones ubicaremos muchos fragmentos de su palabra profética.
Hacer memoria de Gerardo Valencia Cano significa recordar su palabra; y sobre todo proseguir su tarea, impulsar lo que él llamó la evangelización liberadora, ser pueblo profético, seguir a Jesús como él lo siguió con radicalidad y sinceridad.
Rememorando estos treinta y cinco anos de resurrección y profecía nuestro mejor homenaje a Monseñor Gerardo Valencia Cano es continuar la lucha por una sociedad libre, solidaria, comprometida, con el pensamiento popular, y decía: “Qué solo borrando fronteras y uniendo razas, valorando lo nuestro y soltando las confundas de lo foráneo podremos ser para el mundo una esperanza. Porqué miramos como extraños, porqué desconfiarnos mutuamente. Latinoamérica es un corazón envuelto en azul de dos mares que se abrazan”.
Pretendemos que esta reflexión tenga una utilidad pastoral, sea una ayuda; un libro de consulta a la hora de preparar los temas de evangelización, los cursillos bíblicos, las celebraciones de la palabra, las reuniones de la comunidad, en fin nuestras tareas pastorales.
SU ÚLTIMO MENSAJE
Como de costumbre el Hermano Gerardo conversaba con todas las personas que acudían a él; sean éstos periodistas, políticos, trabajadores del puerto, amas de casa, campesinos, obreros, siempre se hallaba predispuesto para dar palabras de ánimo, esperanza y solidaridad.
Su despacho estaba abierto todo el día, dispuesto a atender al que quiera hablar con él. La periodista Lady Martínez de Diario El País, el 9 de Octubre de 1971, efectúa un diálogo con nuestro obispo.
P. ¿LE GUSTA QUE LE LLAMEN OBISPO ROJO?
R. Pues, si con eso quieren indicar que me quieran poner al nivel del pueblo, que sí. Y si con eso inspiro más confianza a los pobres, me siento feliz.
P. ¿LE SORPRENDIÓ VERSE LLAMADO "OBISPO ROJO"?
R. No me sorprendí. Quizá por aquello de que soy profundamente socialista. Creo que el socialismo es una respuesta al espíritu de la caridad de Dios, que debe informar a todas las relaciones humanas.
P. ¿USTED CREE QUE ES BENÉFICA PARA COLOMBIA LA VISITA DEL PRESIDENTE SALVADOR ALLENDE?
R. Sin duda alguna. Yo creo que el paso de Chile con el nombramiento de Allende es positivo hacia la realización de la nueva América, que de todas maneras tendrá que hacerse socialista.
P. ¿QUE FUTURO POLÍTICO LE VE UD. AL PAÍS?
R. El futuro inmediato es poco sombrío. Nadie duda que la tormenta anuncia tempestades, pero sabemos que después de la tempestad vendrá la calma. Lo importante es que los agentes de la tempestad sean suficientemente humanos para no salirse de lo irracional como sería el derramamiento de sangre.
P. ¿CUAL CONSIDERA UD. QUE SEA LA CAUSA PARA QUE EL PROGRESO DE BUENAVENTURA AVANCE TAN LENTAMENTE?
R. La causa principalísima y única es la del sistema socio-económico que vive el mundo de hoy.
Siempre iba de prisa; madrugaba, visitaba a sus feligreses, utilizaba el medio de transporte que encontraba a su disposición, viajó en canoa, en lancha, en buque, en jeep, a caballo, en camión de carga, en tren, en automóvil. Viajaba mucho, y no precisamente porque le gustara, sino porque era llamado a participar en varios encuentros, congresos, y simposios de carácter sociológico, pastoral y misionero. Y precisamente en uno de aquellos viajes, perdió la vida.
Gustaba mucho de escribir, llevaba su diario, diariamente escribía las buenas noches, programa diario que él personalmente trasmitía por radio Buenaventura. No fue músico, pero si compuso algunas canciones, como la música y la letra del Himno del Departamento de Vaupés. En los momentos oportunos era alegre, festivo y gustaba del canto, para el cual se acompañaba del triple o de la guitarra.
Su piedad era verdaderamente contemplativo, místico, asceta; era pastor, un servidor, era un obispo sin mitos, fue un contumaz obispo de la Iglesia de los pobres.
Hombre de profunda sensibilidad social; Monseñor Valencia a más de ser pobre, se solidarizó totalmente con los marginados. Esa sensibilidad social, la pone muy en alto en sus arengas de todos los días que él llamaba "las buenas noches", sus discursos de tono social y evangélicamente revolucionarios, pronunciados ante estudiantes, o directivos, o sindicatos, o autoridades civiles; sus planteamientos para la prensa, para la radio y la televisión, y en fin el documento de GOLCONDA, que si bien es el fruto de todo un grupo de sacerdotes de avanzada, sin embargo es el planteamiento de Monseñor Valencia, pues allí están sus ideas y su firma.
En fin, en el puerto de Buenaventura se sembró y se encarnó; amó a su pueblo, se identificó con su miseria. Clamó por la redención del puerto, por el litoral del pacífico abandonado. Palmo a palmo recorrió todo el Vicariato, siempre | con el evangelio en los labios y el grito de liberación en su boca.
Murió Monseñor Gerardo Valencia Cano. No se recuerda que otra muerte haya impresionado como ésta. Pero él no se puede morir: su voz profética perdurará por siempre, sus escritos tienen que seguir haciendo el bien, su figura delgada; ligera tiene que seguir viajando, protegiendo al pobre, de seguir denunciando, tiene que continuar acelerando el cambio, protegiendo al desvalido, al excluido, al negro, al indio. Sus profecías se cumplirán en evidencias, su pastoral misionera se impondrá, su fracaso es su triunfo, su muerte es su resurrección.
Continuara.
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