MISIONEROS DE YARUMAL, COLOMBIA

 

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3 de mayo de 2006

Contenido

MISAL 2006 R- REPORTE GENERAL
HOMILIA DEL NUNCIO APOSTÓLICO

ENCUENTRO DE SUPERIORES GENERALES DE SOCIEDADES MISIONERAS DE VIDA APOSTÓLICA -MISAL 2006-  

REPORTE GENERAL

(Enviado por el padre Omer Giraldo, MXY)

  Para todos ustedes queridos hermanos en el IMEY un fraterno saludo de parte de los participantes del encuentro MISAL 2006, realizado en el centro La Rondalla, Guarne, contiguo a la autopista Medellín – Bogotá, durante los días 22 al 27 de abril. Agradecemos los mensajes de muchos de ustedes que se unieron de una manera especial a este importante evento eclesial y misionero, para el cual nuestro Instituto de Misiones de Yarumal fue el anfitrión. Gracias a todos por acompañarnos con su oración de estos días.   Participaron en este encuentro MISAL las siguientes Sociedades Misioneras de vida apostólica: Sociedad Misionera de Filipinas, Padres de las Misiones Extranjeras de Québec, Misioneros Columbanos, Instituto Pontificio para las Misiones Extranjeras, de Italia, PIME, Misiones Extranjeras de Quebec, Misioneros de Guadalupe de México, Misioneros de Maryknoll, Estados Unidos, Sociedad Misionera de Belén, Misioneros de Scarboro, Canadá, Instituto Español para las Misiones Extranjeras (IEME), Misioneros de San Patricio, Sociedad Misionera de Africa, SMA, Misioneros de Afríca (Padres Blancos), Misioneros Contemplativas Ad Gentes de Risaralda, Colombia, Misioneros Eudistas, Colombia y los Misioneros Javerianos de Yarumal, Colombia, quienes fuimos los anfitriones de la reunión MISAL 2006.    

La reunión MISAL de este año tuvo como marco de referencia la celebración de los treinta y ocho años de la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín como inicio de la preparación de las celebraciones de los 40 años de este importante evento de la Iglesia latinoamericana. Por esta razón los 28 participantes, entre superiores generales y miembros de los consejos centrales, discutieron dos temas centrales: “La Evangelización de las culturas indígenas” y “La Opción por los pobres”.

 El domingo 23 de abril los participantes tuvieron la oportunidad de desplazarse a la comunidad indígena Embera, de la localidad de Cristianía, municipio de Andes, al suroeste del departamento de Antioquia. Con este acercamiento a la realidad indígena, los participantes se ambientaron para la conferencia sobre “la Evangelización de los indígenas en las Conferencias del Episcopado Latinoamericano”, que se realizó el lunes 24 de abril. Orientó esta conferencia el padre Nicanor Sarmiento, sacerdote indígena peruano, quien ejerce su ministerio sacerdotal actualmente entre minorías étnicas en la provincia de Québec, Canadá. El padre Nicanor hizo énfasis en la forma como progresivamente los obispos de la Iglesia en América Latina han asumido el trabajo con los indígenas del continente americano. El padre Nicanor hizo un recorrido por los diversos eventos, conferencias, congresos de la Iglesia Latinoamericana donde se ha venido progresivamente asimilando y afianzando el reconocimiento de la inalienable dignidad humana de nuestros hermanos indígenas, pasando por la sublime actitud del papa Juan Pablo II de “pedirle perdón” a las culturas indígenas por los errores de la Iglesia en el pasado, hasta la necesidad de asumir con las culturas indígenas una auténtica inculturación del Evangelio. El padre Nicanor resaltó la importancia del hecho de la creación del Departamento de Misiones del CELAM, organismo que ha colaborado desde su inicio en 1967 en el proceso de la creación de consciencia sobre el mundo indígena en el continente americano. El DEMIS- CELAM fue iniciativa del obispo Colombiano, Mons. Gerardo Valencia Cano, miembro de nuestro Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal. Los Misioneros de Yarumal, anfitriones de este encuentro MISAL 2006, hemos contribuido además con la presencia de otros secretarios ejecutivos de este importante organismo de la Iglesia en América Latina, como son los padres Oscar Osorio, MXY y Jesús Emilio Osorno, MXY. Para ellos nuestro reconocimiento y agradecimiento.

El día martes 25 de abril, los participantes del encuentro MISAL 2006 debatieron el tema de “La Opción por los pobres”. La reflexión de entrada estuvo orientada por el padre Federico Carrasquilla, quien les habló a los participantes desde su testimonio personal de vida viviendo con los pobres y como los pobres. El padre Carrasquilla, refiriéndose a su caso personal, resaltó cómo en un principio, poco después del Concilio Vaticano II, “ La preocupación central mía en ese tiempo (y quizás era la manera como entendía lo de “opción por el pobre”) era la de “ querer ser como los pobres”. Más tarde él comprendió que este era un error. Expresó el padre Federico: “Esto me llevó a descubrir que mi interés fundamental no podía ser el buscar “ser como los pobres” sino el “ser como Jesús que había sido pobre como los pobres sociales de su tiempo”. Los participantes de este encuentro se sintieron especialmente interpelados por la consecuencia de este testimonio del padre conferencista: Desde ese momento comprendí que Jesús había mirado al pobre de otra manera: no desde la perspectiva sociológica sino antropológica”. El énfasis en la persona de Jesucristo y en la recuperación de la dignidad del pobre fueron elementos claves para una nueva perspectiva de la opción por los pobres, entendiéndola “no como una lucha para que el pobre deje de ser pobre,” como “la lucha para acabar con la pobreza y crear un mundo sin pobres”sino como “la lucha para que el pobre recupere su identidad y su dignidad de pobre.”

Esto llevó a los participantes a interrogarse sobre la manera como han vivido la “Opción por los Pobres” en sus Institutos Misioneros:

  • “ Hemos vivido esta opción muchas veces con angustia, culpabilidad, decepción, intranquilidad, dificultades, acaloramientos y choques culturales”.
  • “Hemos vivido esta opción por los pobres en términos de búsqueda: cuál debe ser la mejor alternativa para vivir esta opción?”
  • “La hemos vivido también en contemplación y en silencio”.
  • “Comprometiéndonos con organismos comprometidos en la construcción de la justicia y la paz”.
  • “En ocasiones la hemos vivido también como un terrible paternalismo”.
  • “Esta manera de vivir la opción por los pobres nos trae una enseñanza: Rompe el esquema de que solamente hay que dar y no recibir. Tenemos mucho para aprender. Una segunda enseñanza es que nos ayuda a valorar la persona del pobre, a recuperar su identidad”.

Durante la plenaria el padre Federico Carrasquilla dijo: “Cuando se retoma la radicalidad de estar con Jesús es cuando justamente no nos desgastamos, pues la verdad es que yo no puedo solucionar los problemas de la gente. Los problemas de los pobres son de tal magnitud que cualquier dinero o recursos que ustedes tengan, nunca serán suficientes”(…) “Por esto, la presencia nuestra en medio de la gente debe empezar por aprender la manera de Jesús. Yo me pregunto qué hizo Jesús en sus primeros 30 años. Podría haber organizado muchas cosas y no lo hizo. Pues a Jesús lo único que le interesaba era revelar, por su cercanía, su AMOR AL PADRE. Esto para mí es muy revelador. Yo debo responder de acuerdo a mi identidad”.

El Padre Kieran O’Reailly, SMA presidente de los encuentros MISAL hasta esta reunión del 2006, refiriéndose a los aspectos más relevantes de este encuentro MISAL 2006 dijo:

  • El primer aspecto es la oportunidad de venir a Colombia y de encontrarnos con los Misioneros de Yarumal. Muchos de nosotros hemos conocido a los Misioneros de Yarumal en África y en otros campos, pero esta fue la primera oportunidad para que otras Sociedades Misioneras de Vida Apostólica vinieran aquí y conocieran la sede de los misioneros de Yarumal, muchos de sus misioneros, familiares y amigos.
  • Un segundo aspecto importante fue el tema de las conferencias, centrado en la búsqueda de la Justicia y la Paz, 38 años después de la conferencia de Medellín. Para nosotros como misioneros, esta es una importante área de nuestro trabajo. Estos días fueron una excelente oportunidad para reflexionar en lo que significa para nosotros, en nuestro tiempo, trabajar por la justicia y la paz. Algunas veces en la Iglesia nos olvidamos de esto. Siento que estos pocos días, con las orientaciones del padre Nicanor Sarmiento y del padre Federico Carrasquilla, hemos tenido una magnífica oportunidad para reflexionar en la importancia de los documentos Medellín y los posteriores documentos de las Conferencias del Episcopado Latinoamericano. Creo que uno de los aspectos más importantes que nos llevamos de aquí es la renovación de nosotros mismos y siento que tendrá buenas consecuencias para nuestros cursos de formación misionera y en otros campos al interior de nuestros institutos. El interés demostrado por los participantes de este encuentro, miembros de MISAL, en la aplicación práctica de los principios es de hecho una parte muy importante de nuestro despertar misionero. Agradezco a los Misioneros de yarumal por poner estos temas sobre el tapete y porque nos han dado una nueva energía en esta área, que es tan importante”.

El padre Padhraic O’Loughlin, miembro del Grupo de Estudio de Roma, equipo que apoya la preparación de los encuentros MISAL expresó:

  • “Para muchos de nosotros esta fue la primera oportunidad de visitar a Colombia. Hemos visto un hermoso país, con gentes muy amables. Los felicito por este gran país que tienen. Nos convertimos de ahora en adelante embajadores de Colombia.
  • En la reunión tuvimos muy buenas orientaciones por parte de los padres Nicanor y Federico. El espíritu del encuentro fue muy bueno. Nos sentimos de inmediato en casa. Fue un gozo muy grande para nosotros el haber ido a visitar una comunidad indígena.
  • Yo salgo de este encuentro convencido de la necesidad de una opción más profunda por los pobres y los marginados. Al salir de esta reunión y después de haber conocido tanta gente maravillosa nos vamos enriquecidos y con el desafío de ser testigos más fieles del Señor Resucitado entre los pueblos a donde somos enviados”.

 La Eucaristía de clausura fue presidida por el Señor Nuncio Apostólico de su santidad Benedicto XVI en Colombia, Monseñor Beniamino Stella. “Considero que esta es una gracia singular del Señor que acrecentará la conciencia misionera de la Iglesia Colombiana y suscitará entre los laicos, los religiosos y los sacerdotes, más vocaciones “ad gentes”, deseosas de llevar l mensaje del Evangelio hasta los confines de la tierra”, expresó Mons. Stella en su homilía.

“No se ha escapado tampoco a su reflexión que la tarea de la Evangelización enfrenta actualmente grandes desafíos, provocados por los radicales cambios sociales y políticos que ha experimentado el mundo en los últimos años, por el drama de violencia que reina en algunas naciones, por el ambivalente fenómeno de la globalización, en fin, por tantas circunstancias que reclaman la luz del Redentor del hombre y del Evangelio de la vida” , enfatizó el Señor Nuncio Apostólico. Haciendo referencia a la tarea Evangelizadora como el “ir y anunciar la totalidad de cuanto se refiere a Cristo”, Mons. B. Stella dijo: “Pero también se nos insiste en que la tarea evangelizadora de la iglesia es un estilo de vida. Quienes, por vocación divina, hemos escuchado la voz del Señor que nos urge a anunciar a todos los hombres el amor de Dios Padre, hemos de tener siempre presente que el testimonio de vida es la primera e insustituible forma de toda acción pastoral y, con mayor razón aún, de la misión”.

La reunión MISAL 2006 fue clausurada por el Señor Nuncio Apostólico, Mons. Beniamino Stella, con la participación de un nutrido número de nuestros misioneros, de nuestras comunidades hermanas, de los laicos y del pueblo de Dios. Al final de la Santa Misa, el padre Fr. Kieran O’Reailly, SMA, Presidente saliente de MISAL anunció la elección del padre JAIRO HERNAN GOMEZ, MXY como el nuevo presidente de MISAL. Este anuncio fue recibido con mucha alegría por parte de todos, pues fue no sólo un gesto de apoyo y reconocimiento a nuestro Instituto de Misiones, sino que será también una buena oportunidad para afianzarnos como Instituto misionero, en el contexto de la misión “ad gentes” en la Iglesia universal. Después de la Eucaristía compartimos una cena en las instalaciones del seminario, cerca de Emaús.

Fraternalmente,
Nelson Torres, Damián Chavarría, Omer Giraldo
Comité organizador MISAL 2006

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HOMILIA DEL NUNCIO APOSTÓLICO
MONS. BENIAMINO STELLA, EN LA CELEBRACIÓN EUCARISTICA CON MOTIVO DE LA CLAUSURA
DEL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE SUPERIORES GENERALES DE SOCIEDADE DE VIDA APOSTÓLICA, DEPENDIENTES DE LA CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS

 Medellín, Capilla del Seminario Mayor del Instituto Misiones Extranjeras de Yarumal

26 de abril de 2006 – Miércoles de la Segunda Semana de Pascua Lecturas: hechos 5, 17-26; Salmo 33; Juan 3, 16-21

Muy queridos Hermanos en Cristo:

Esta celebración de la Eucaristía, impregnada de regocijo y esperanza por la Resurrección del Señor, nos ofrece un marco perfecto para la clausura de este encuentro de Superiores Generales de las Sociedades de Vida Apostólica que dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Presento a todos Ustedes mi cordial saludo de Pascua y, de modo particular, al Reverendo Padre Kieran O’REILLY, Superior General de la Sociedad de Misiones Africanas y Presidente de esta asociación, lo mismo que al Reverendo Padre Jairo Hernán GÓMEZ GUZMAN, Superior General del Instituto de Misiones Extranjeras de Yaruma, bajo cuya hospitalidad y coordinación se ha llevado a cabo este encuentro internacional.

Deseo, así mismo, manifestarles mi alegría por la realización de esta reunión en Colombia. Considero que ésta es una gracia singular del Señor que acrecentara la conciencia misionera de la Iglesia colombiana y suscitará entre los laicos, los religiosos y los sacerdotes, más vocaciones “ad gentes”, deseosas de llevar el mensaje del Evangelio hasta los confines de la tierra.

***

En estos días de convivencia fraterna, de oración y de estudio, sin duda ha estado nuevamente bajo su óptica de consagrados el panorama misionero de la Iglesia.

Hoy, esta misión es un océano vasto en el cual toda la familia de los creyentes debe aventurarse; es necesario adentrarse en el mar de las lenguas, de las culturas y de tantas barreras de muy diverso orden, para acercar a todas las naciones y a todas las personas a Cristo, con la certeza de que el Señor resucitado, Salvador del Mundo, nos acompaña y alienta en la realización de esta misión sin fronteras.

No se ha escapado tampoco a su reflexión que la tarea de la Evangelización enfrenta actualmente grandes desafíos, provocados por los radicales cambios sociales y políticos que ha experimentado el mundo en los últimos años, por el drama de la pobreza que afecta a muchos de nuestros hermanos, por el ambiente de violencia que reina en algunas naciones, por el ambivalente fenómeno de la globalización, en fin, por tantas circunstancias que reclaman la luz del Redentor del hombre y del Evangelio de la vida.

Este horizonte, sin embargo, como lo proclamaba el papa Juan Pablo II, es el campo de nuestra misión. Nunca como hoy –decía el Santo Padre- la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio, con el testimonio y la palabra, a todos los hombres y a todos los pueblos. Amanece una nueva época misionera, que llegará a ser un día radiante y rica en frutos, si todos los cristianos y, en particular, los misioneros y las jóvenes Iglesias responden con generosidad y santidad a los desafíos de nuestro tiempo.

Para darnos fuerza y llenarnos de audacia en el recorrido de la senda misionera, acude en nuestra ayuda la Palabra de Dios que ha sido proclamada en esta celebración. Ella nos aproxima providencialmente, en este tiempo de Pascua, a los primeros pasos de la Iglesia, no exenta de dificultades, pero llena de ardor y decisión para cumplir el mandato de Jesús.

Sabemos que ya desde del comienzo, el anuncio de Cristo Resucitado ha sido para la Iglesia un desafío permanente. ¿Cómo podía ese puñado de pescadores de Galilea “hacer discípulos a todas las gentes”? Jesús conocía bien que los discípulos de entonces y de ahora nos encontraríamos con obstáculos en el cumplimiento de la misión que nos confiaba, por eso, a ellos entonces y a nosotros hoy, nos ha ofrecido la seguridad de su presencia viva: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (M. 28, 20).

Permitamos, por tanto, que la presencia del Señor resucitado y el modelo de los Apóstoles renueven la gracia de nuestra vocación e intensifiquen el trabajo de nuestras comunidades en la misión “ad gentes”. Con este propósito, los invito a que consideremos el mensaje de la Palabra de Dios:

  • El Evangelio nos hace dirigir la mirada hacia el contenido y el fundamento de la tarea misionera: ‘Tanto amó Dio al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3, 16). En efecto, la labor evangelizadora, desde sus inicios y también ahora, es la misma del Redentor: nuestro cometido es revela a todos los hombres y mujeres el rostro misericordioso del Padre. Por eso, la Iglesia no puede dejar de proclamar que Jesús vino a mostrar al mundo el amor de Dios y a alcanzar, mediante la cruz y la Resurrección, la salvación de la humanidad.

Con el misterio de la Encarnación, el Hijo unigénito fue constituido auténtico y supremo mediador entre el Padre y los hombres. En él. Muerto y resucitado, la ternura providente del Padre alcanza a todo hombre, de modos y por caminos que sólo él conoce. La tarea de la iglesia consiste en comunicar incesantemente este amor divino, gracias a la acción vivificante del Espíritu Santo. En efecto, el Espíritu es quien transforma la vida de los creyentes liberándolos de la esclavitud del pecado y de la muerte, y capacitándolos para testimoniar el amor misericordioso de dios, que en su Hijo, quiere hacer de la humanidad una única familia.

En este anuncio misionero nosotros hemos de ser los primeros convencidos de que abrirse al amor de Dios, así como éste ha sido revelado por Cristo, es la verdadera liberación. En él, solo en él, la humanidad es liberada de toda forma de alienación y extravío, de la esclavitud que causa el pecado y de la muerte.

  • En la lectura de los hechos de los Apóstoles encontramos, a modo de envío, el siguiente llamado: “Vayan y anuncien al pueblo todo lo referente a este estilo de vida” (Act. 5, 20). Me parece que este mandato recoge dos realidades que no deben estar ausentes de toda acción misionera.

Se trata de ir y anunciar la totalidad de cuanto se refiere a Cristo. De hecho, la salvación que Jesús vino a traer es integral y, por tanto, la difusión del Evangelio no debe estar afectada por parcialidades ni ser reducida a una simple actividad de promoción humana o a unos determinados programas.

En la actualidad, donde existe una cada vez mas fuerte tendencia a reducir al hombre a una mera dimensión horizontal, no solamente hemos de detenernos frente a la pobreza material, sino también debemos observar la pobreza espiritual que existe a nuestro alrededor, de tal modo que el anuncio de Cristo no se limite a un querer hacer el bien, sino que se proponga abrir caminos para que cada persona llegue a conocer la riqueza inagotable del misterio de Cristo, Salvador del hombre.

Pero también se nos insiste en que la tarea evangelizadora de la Iglesia es un estilo de vida. Quienes, por vocación divina, hemos escuchado la voz del Señor que nos urge a anunciar a todos los hombres el amor de Dios Padre, hemos de tener siempre presente que el testimonio de vida es la primera e insustituible forma de toda acción pastoral y, con mayor razón aún, de la misión.

El mundo contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros. Ustedes están llamados a ser signos luminosos de las realidades del Reino para aquellas personas que escuchan su predicación y su enseñanza, pero que también quieren hallar en los anunciadores un ejemplo concreto de unión con Dios, de amor por la Iglesia, de fraternidad, de caridad, de celo apostólico, en fin, un ejemplo atrayente del seguimiento de Jesús.

Para ser auténticos testigos será necesario que mantengamos en nuestra vida la primacía de la vida espiritual, esto es, una constante apertura y disponibilidad a la acción del Espíritu Santo, artífice de la misión y quien nos mueve al testimonio. Recordemos, además, que la Evangelización requiere de los misioneros oración, diría inclusive, mucha oración, porque la acción alcanza su fecundidad apostólica gracias a una vida interior rica de fe y de experiencia de las cosas divinas.

  • El ingente quehacer de la Evangelización, que sin duda supera nuestras capacidades y limitaciones, exige de nosotros una absoluta confianza en Cristo Resucitado, que nos acompaña a los largo del camino y que nos garantiza que la Palabra de Dios no puede estar aprisionada ( II Tim. 2, 9).

Con esta certeza de que Dios protege y sostiene a los pregoneros del Evangelio, al terminar este encuentro, damos gracias a Dios por la misión que han cumplido los Institutos a los que Ustedes pertenecen en el extenso campo del mundo. Pedimos, así mismo, la fortaleza que infunde en los discípulos el Espíritu Santo, con la conciencia de que, por muy laudables e indispensables que sean nuestros esfuerzos, la misión seguirá siendo siempre, primariamente, una obra de Dios.

No podemos, pues, desmayar ni bajar la guardia frente a las exigencias de la misión. Al contrario, pidámosle hoy al Dueño de la Mies que nos dé la paciencia, la clarividencia, la valentía, la humildad y el discernimiento vigilante para seguir pregonando íntegramente el mensaje del Evangelio por todos los rincones de la tierra.

Finalmente, les rogaría que juntos encomendemos a la Santísima Virgen María las conclusiones de estas jornadas, lo mismo que los propósitos y las insinuaciones que él haya podido suscitar en el corazón pastoral de todos ustedes.

A ella, que acompañó con su maternal presencia y su oración los primeros momentos de la comunidad eclesial, también deseo confiarle los esfuerzos y obras de sus institutos, cada uno de los misioneros que se encuentran en lugares tan distantes de la tierra, las vocaciones que se preparan para el servicio “ad gentes” y toda la tarea evangelizadora de la Iglesia. Amén.

Cf. Cardenal Crescenzio SEPE. Homilía en la Eucaristía con ocasión de la Jornada Mundial de las Misiones – 2004, 24 de octubre de 2004.

Cf. JUAN PABLO II. Encíclica “Redemptoris Missio”Nro. 92.

Cf. JUAN PABLO II. Audiencia General. 17 de Mayo de 1995

BENEDICTO XVI. Audiencia a los participantes n el Encuentro Internacional con ocasión del 40º Aniversario del Decreto Ad Gentes”, 11 de marzo de 2006.

Cf. JUAN PABLO II. Redemptoris Missio. Nro. 11.

Cf. JUAN PABLO II. Redemptoris Missio No. 8

Cfr. JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi”, No. 41.

Cf. JUAN PABLO II. Audiencia General. 11 de enero de 1995.

Cf. JUAN PABLO II. Jornada Mundial de las Misiones. 24 de octubre de 1997.

BENEDICTO XVI. Audiencia a los participantes en el encuentro internacional con ocasión del 40º Aniversario del Decreto Conciliar “Ad Gentes”. 11 de marzo de 2006.

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