MISIÓN, EDUCACIÓN Y CONFLICTO
Oscar Osorio J. mxy
Soy consciente que mi participación en este importante evento, para tratar el tema Misionero, correspondería a una alta Jerarquía de la Iglesia. Por mi parte no represento a ninguna instancia jerárquica, sino que lo hago como un simple miembro de la Iglesia y como hijo que habla de los aciertos y desaciertos de su madre, con la mayor honestidad intelectual que aquí se ventila en este selecto medio de academia.
El contenido de esta exposición abarcará tres ítem:
Una visión general de las relaciones Estado-Iglesia en el campo educativo
El acompañamiento preferencial de la Iglesia Misionera a las etnias autóctonas
Desempeño de la Iglesia Católica en el campo de la etnoeducaciòn.
1. LA PRETENCIÒN CRISTIANA
Para la Iglesia, la tarea de enseñar es un mandato del Fundador del Cristianismo. Tiene como punto de referencia, el siguiente texto evangélico que denominamos sermón de los cinco todos, expresado por Cristo antes de su Ascensión:
"Todo poder me ha sido dando en el cielo y en la tierra. Id por todo el mundo, bautizando a todas las gentes, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado y yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt.28,18)
Sentarse en la cátedra, es acompañar a otros en la búsqueda de la verdad.
La historia presenta dos paradigmas de maestro, ambos ajusticiados en el altar de la verdad:
Sócrates que desde la simple razón humana afirmó "ad verum cum tota anima eundum est", (A la verdad hay que ir con toda el alma) y terminó apurando la cicuta.
Cristo, que desde la condición de hombre-Dios terminó diciéndole a la Verdad: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Sócrates y Cristo, son dos maestros de la verdad que no se contraponen, se complementan. Cuando se pretende quitar a la razón las amarras teológicas, se cae en las más burdas consecuencias del egoísmo.
La verdad es una sola. Pienso que aquí se encuentra el nudo, si no de todos, sí de muchos de los conflictos y choques ideológicos que afrontamos los humanos. Mi verdad, tu verdad, su verdad. Y terminamos matándonos por defender lo que dijo Diderot o Dña. Rita, y la Verdad está en otra parte.
La escuela de Platón instalada en los jardines de Academo, se ve reforzada por la enseñanza que Jesús el de Nazareth inició a las orillas del lago escribiendo en el inmenso pizarrón, con caracteres semejantes a peces invisibles: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
La iglesia depositaria de la revelación cristiana, tiene la misión de “enseñar lo que yo os he enseñado”. La enseñanza del amor, que se identifica con la verdad, fue el arma con la que los humildes y discretos seguidores del Señor Resucitado, despertaron en Nerón la intuición de que tales doctrinas contenían suficiente explosivo para minar los cimientos de los Imperios. Desde entonces, la iglesia cabalga en el lomo de los conflictos.
La misión de la Iglesia es iluminar la caminada de los seres humanos en su doble función de Madre y Maestra.
¿Su antorcha? - "La luz de las naciones" que proclama el Reino construido sobre los grandes valores absolutos de: la vida "vine para que tengáis vida y la tengáis en abundancia", la verdad que hace libre, del amor que defiende la justicia, con los cuales se construye la paz.
La defensa de los valores fundamentales del Reino: la Verdad, la Vida, el Amor, la justicia y la libertad constituyen necesariamente una amenaza contra los poderes que han sustituido el imperativo moral, por el imperativo económico.
El conflicto entre Iglesia y Estado en torno de la educación
Durante la conquista y la colonia, la Iglesia asumió a nombre de la Corona, la función de educadora: construyó escuelas, colegios, universidades, bibliotecas con ingentes tesoros de pensamiento, fue mecenas de sabios y científicos, introdujo la imprenta, construyó pueblos, fundó ciudades…
Consumada la independencia, el Estado Colombiano inició la tarea de configurar la identidad nacional y por supuesto que la educación tiene un lugar privilegiado en esta empresa. Pero además del conflicto ideológico derivado de la Ilustración, se presentaba esta realidad: La enseñanza eclesiástica muy sólida económicamente, y la enseñanza del estado en condiciones muy precarias.
El 28 de julio de 1821 el Congreso de Cúcuta expidió la primera ley por medio de la cual se implantaba la educación oficial.
Es de anotar que ya se habían dado conatos de conflicto entre la Iglesia y el Estado, al éste pretender que se le reconociera el derecho al Patronato que ejercían durante la colonia los Reyes de España, y que era la forma para hacer suyos los haberes educativos de la Iglesia.
Hacia el año 1848 la agitación proveniente de la Ilustración contagió a muchos militantes del partido Santanderista e hizo estallar virulentamente el problema religioso, al proponerse controlar la influencia educativa de la Iglesia, este hecho suscitó la reacciones del grupo Bolivariano, que se llamó después partido conservador. Ese factor contribuyó a que el País se polarizara y se sumiera en un período de anarquía que en una irónica analogía hizo que el llamado en Europa "siglo de las luces" entre nosotros se denominara "siglo de las revoluciones". El País se dividió en torno a la disyuntiva de liberar la nación del fanatismo religioso y a la contraparte a defenderse de la persecución religiosa.
La Constitución de Rionegro, (1863) calificada por D. Miguel Antonio Caro, "como un tejido de sofismas anárquicos" configuró un Estado anticristiano y tiránico, despojó a la Iglesia de todos bienes y sus derechos, proscribió la educación religiosa, disolvió las comunidades religiosas, desterró obispos y párrocos, los templos y los conventos fueron saqueados y convertidos en cuarteles.
La Constitución de 1886 trató de resolver tal situación con el principio de que "la educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la religión católica".
Se dio un paso mas: La firma del Concordato con la S. Sede, deseo que aunque con intenciones diferentes había expresado el Estado en 1811, aún antes del reconocimiento de la República por la S. Sede (1853), que se logró en 1887 y con el cual se inició una era de libertad religiosa y prosperidad de la educación. Produjo tanta satisfacción este acontecimiento, que el mismo Núñez emocionado escribió a Caro: "El gran arreglo con la Santa Sede está ya firmado, Gloria a Dios en la alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad"
LA IGLESIA CATÓLICA AL LADO DE LOS INDÌGENAS
La presencia de la Iglesia en relación con los Pueblos del Nuevo mundo, se sitúa en dos campos: La lucha por la justicia y su función educadora.
La lucha por la justicia
Ya desde la Universidad de Salamanca se había escuchado la palabra autorizada del Fraile Dominico Francisco de Vittoria, pionero del Derecho Internacional, cuestionando la legitimidad de invocar la autoridad del Papa como título para legalizar la conquista.
En el Nuevo Mundo, el grito reclamando justicia de Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas, marcará el primer hito en el prolongado camino, que entre aciertos y desaciertos ha recorrido la Iglesia en defensa de los derechos de los indios.
Histórico sermón:
La historia ha conservado el histórico sermón que pronunció Fray Antonio de Montesinos, la isla de La Española, en una tosca capilla techada de paja, la víspera de Navidad de 1511, del cual se dice que cambió el destino del Nuevo Mundo, porque con él impugnó todas las doctrinas que hasta el momento habían sido utilizadas para justificar la empresa conquistadora y la esclavitud de los indios.
"Me he subido aquí, yo que soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por lo tanto conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón, la oigáis; la cual voz os será la mas nueva que nunca oísteis, mas áspera y dura, la mas espantable que jamás pensasteis oír... Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con que autoridad habéis hecho tan detestables y guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas ellas, con muertes y estragos, habéis consumido?... Esto ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis. Esto, no sentís ?...
¿Qué se logró? Entre otras cosas:
La promulgación de Las Leyes Nuevas que eliminó la Encomienda
La institución de la figura del Protector de Indios.
El envío de visitadores para exigir el cumplimento en torno la libertad de los indios.
Y la Bula "Sublimis Deus" del Papa Pablo III en la cual ratificaba la política de Carlos V sobre la libertad de los indios: "Ordenamos que los dichos indios, aunque se hallen fuera de la fe, no pueden ser privados de su libertad y de la posesión de sus bienes y que pueden hacer uso de su libertad y dominio y no deben ser reducidos a esclavitud"
Teóricamente esta primera batalla a favor de la libertad se ganó, pero no en la práctica. Los Encomenderos nunca renunciaron a sus exigencias de los "servicios personales" de la indios en las encomiendas
La Iglesia estuvo siempre atenta a interponer su autoridad al servicio de la causa indígena. De ello dan buen testimonio las firmes actitudes en Santa Fe de parte del obispo Fray Juan de los Barrios que entendiendo a cabalidad su misión asumió con entereza la defensa de los indios enfrentándose a Jiménez de Quesada que como jefe de la oligarquía del Reino, les servía de vocero a los poderosos.
Un lugar bien destacado lo ocupa el Obispo de Popayán D. Juan del Valle. Desde el púlpito proclamó la famosa doctrina de la restitución, según la cual se obligaba a los encomenderos a devolver a los indios lo que le cobrasen en exceso de la tasa señalada y ordenó a los sacerdotes negar la absolución a los españoles que incurrieran en delitos contra los indios.
LA IGLESIA Y LA EDUCACIÓN INDÌGENA
Como lo hemos dicho, desde el descubrimiento de América, es evidente la presencia bienhechora de la Iglesia misionera en las situaciones mas difíciles de la nación.
La persecución religiosa de la segunda mitad del s.XIX, la expulsión de las órdenes religiosas y las guerras de la independencia, habían truncado la actividad bienhechora de las misiones especialmente en las regiones mas apartadas de la Patria.
Consciente de este vacío, el Libertador es pionero en clamar por su restablecimiento y expedir leyes y normas a tal fin.
Restablecida la paz religiosa a raíz de la Constitución de 1886, regresaron los misioneros de las distintas congregaciones a su cometido evangelizador y de promoción humana.
El Presidente Núñez en sus instrucciones de 1887 sobre las negociaciones concordatarias, estipulaba que posteriormente se celebrarían Convenios para el fomento de las Misiones, el cual efectivamente fue firmado el 27 de diciembre de 1902, y renovado sucesivamente el 5 de marzo de 1928 y el 20 de enero de 1953 que tenía como fundamento la innegable labor cultural y la ayuda al indígena. La Iglesia se comprometió a seguir proporcionando misioneros y por su parte el Estado a apoyar ese trabajo civilizador con auxilios pecuniarios y disposiciones legales. Vale la pena advertir que los misioneros no hacían otra cosa que ayudar al Estado a cumplir con su deber de proporcionar educación a todos los sectores. De otro lado se debe poner de relieve la labor que la Iglesia ha llevado a cabo como guardiana de las fronteras patrias en muchas lugares en donde la única presencia del Estado son los Misioneros.
El Convenio de Misiones tuvo vigencia hasta 1973, cuando se firmó el nuevo concordato bajo la Presidencia de Misael Pastrana Borrero, que sustituyó el de 1887.
Necesaria autocrítica
Debemos reconocer que tanto el Descubrimiento, la Conquista, la colonia y la primera evangelización, adolecieron de grandes equivocaciones:
La actitud conquistadora, colonizadora y civilizadora, inspirada en una concepción etnocéntrica desenfocada antropológicamente y contagiada por la actitud de los conquistadores.
El menosprecio de las culturas autóctonas. Los misioneros igual que los conquistadores desconocieron que en América existían verdaderas culturas como sistema estructurado y en las cuales el elemento religioso era de primordial importancia.
A su vez los evangelizadores no tuvieron en cuenta la existencia de verdaderas religiones y los valores precristianos contenidos en ellas.
Se dio manipulación conceptual a las creencias de los indios reduciéndolas a la categoría de idolatría, superstición y ateísmo.
De igual manera las prácticas religiosas se calificaron de magia, hechicerías, sueños, orgías.
Todo lo anterior hizo que la evangelización implicara una lucha por extirpar las idolatrías, con la consiguiente destrucción y depredación de valiosos lugares y objetos de culto, a la vez que la eliminación de los líderes religiosos.
Sin embargo, todo este severo memorando de equivocaciones no alcanzan a demeritar el acervo de beneficios de todo orden que aportó y continúa aportando la Iglesia misionera.
Hoy es lugar común el principio de que juzgar las cosas de ayer, con criterios de hoy, resulta anacrónico.
EL INSTITUTO MISIONERO DE ANTROPOLOGÍA (IMA) COMO EXPERIENCIA DE EDUCACIÓN SUPERIOR PARA MINORÍAS ÉTNICAS
El IMA, actúa dentro de seis afirmaciones aplicables en su medida a indígenas y negros:
UNA: - Los Pueblos indígenas son cultos.
Cultura es todo sistema de vida de un grupo humano, recibido como herencia y cuya finalidad es la plena realización del grupo en su propio entorno y contexto existencial. Desde esta perspectiva se puede afirmar que las comunidades amerindias, incluso las nómadas y tribales, son cultas, educadas y sabias
DOS: - Son adultos.
Las leyes de la República de Colombia, en el siglo XIX los vio, valoró y trató como "niños" con todo el contenido equívoco de la expresión. La adultez supone la autonomía, el desarrollo de la responsabilidad y la capacidad de enfrentarse con la vida en el interior del propio ambiente cultural. En este contexto, se afirma que las comunidades indígenas son adultas y han de ser reconocidas y tratadas como tales.
TRES: - Con sentido de trascendencia.
Las culturas tradicionales tienen como punto de convergencia el sentido de los poderes que lo trascienden, y que se convierte en el eje en torno la cual gira el comportamiento del grupo. El pensamiento auténticamente indígena propugna por el mantenimiento de la armonía cósmica fuertemente impregnado de sentido de trascendencia en torno a sus creencias religiosas en los seres superiores.
CUATRO: - Son morales.
Tienen su propio sistema moral, incluso con frecuencia, más depurado y humano que el de la sociedad envolvente. Es así como enfrenta con grandes retos la moral de la sociedad occidental que olvidada de la primacía del bien del hombre, ha establecido como ídolos rectores de su conducta, el poder, el dinero y el placer.
CINCO: - Tienen derecho a vivir su propia cultura.
La Constitución Colombiana reconoce teóricamente la multietnicidad y pluriculturali-dad de la nación, sin embargo estamos muy lejos de que esto sea una realidad
SEIS: - Son Sabios:
Con capacidad de hacer grandes aportes a la cultura universal. Los Pueblos indígenas poseen un rico acervo de sabiduría que pueden ofrecer con orgullo a la humanidad. El Chamán, el cacique, el anciano de la tribu, es “el que sabe” y son conscientes y se sienten orgullosos de su sabiduría.
El primer obstáculo que se debe superar cuando se piensa en un proyecto educativo indígena es el imaginario colectivo fuertemente ligado a concepciones peyorativas.
Nuevos criterios
En medios de iglesia, pensamos hoy que la política educativa estatal está marcada por un matiz colonialista que no es coherente con la proclama constitucional del reconocimiento de la multiculturalidad y plurietnicidad.
Es necesario distinguir “diferencias culturales, y “Culturas diferentes. Pensamos, que tal es el espíritu del Art. 7 de la Constitución Nal.
La educación no puede ser entendida solamente como una herramienta o un elemento de conservación e incremento de la cultura. Es el órgano de reproducción de la misma.
Es por lo tanto obvio, que cada cultura debe tener su educación, con sistemas contenidos y métodos propios.
En este sentido no parece adecuado el término y el concepto de etnoeducación para significar la acomodación de un sistema educativo exógeno.
El modus vivendi del indígena se caracteriza por el silencio, la meditación, la profundidad, la reflexión, la interioridad personal, y sobre todo la descomplicación. De ahí que el indígena que llega a nuestros centros de estudio se encuentra en un mundo que no es el suyo, se traumatiza, se desubica y termina desarraigándose de su cultura original. El indígena abandona su hábitat para estudiar en la ciudad, o no regresa o si regresa no regresa indígena.
Preguntémonos:
¿Cuando se piensa, se planifica y aun se impone desde fuera el sistema educativo de de la sociedad hegemónica, a otra cultura, no se está pensando por “el otro” y con un marcado impacto colonialista?
¿Es legítimo tratar de uncir por medio de un sistema educativo a los indígenas al tren de la globalización y de la promoción de la cultura consumista?
Desde su fundación en 1973, la cuestión indígena y negra, han tenido en el IMA un lugar privilegiado. La preocupación central ha sido la de promover los valores de las culturas e impulsar el fortalecimiento de las mismas, buscando posibilitar modelos de sociedades autóctonas en donde estos grupos marginados puedan desarrollar su peculiar manera de ser, desde sus propias cosmogonías.
El programa académico auspiciado por la UPB, aunque se denomina de etnoeducacion, está concebido como programa de etnodesarrollo y se aplica con la suficiente flexibilidad buscando satisfacer las necesidades de las correspondientes comunidades.
Para ser muy cuidadosos en la aplicación y teniendo en cuenta que en manera alguna se puede privar a estas culturas de todo el progreso de la humanidad, manejamos con mucha claridad el concepto de la educación como diálogo cultural y pedimos a nuestros docentes que se despojen de las poses magisteriales, para crear el espacio de igualdad en procura de un enriquecimiento recíproco.
Dentro de este contexto quiero consignar dos anécdotas:
Uno de los Gobernadores de un Cabildo del Cauca al inaugurar los cursos del IMA en Toribìo, expresó: “Hoy se abre entre nosotros la Universidad Indígena IMA-UPB. Pero tengamos en cuenta que los blancos ingresan a la Universidad para ganar más, consumir más y tener mas poder. Entre nosotros no debe ser así: ingresamos a la Universidad para servir a la comunidad, porque nadie debe surgir fuera de la comunidad y menos a expensas de la comunidad”.
Cuando consultamos a la Comunidad Ticuna del Amazonas, sobre la conveniencia y el tipo de universidad que ellos querían, entre otras intervenciones, un anciano dijo: “muy bueno que el indio aprenda, lo malo es que a medida que uno adquiere conocimientos ajenos a su cultura, pierde sabiduría”
Hacia un proyecto de Educación Superior Indígena
La educación es el medio de crear, recrear y reproducir la cultura, por lo tanto una educación unicultural contradice la realidad nacional que es pluricultural y multiétnica. La denominada etnoeducación como la concibe el estado no parece responder a la realidad colombiana.
Parte de la base errónea de "pensar por los otros" y aunque haya participación de los diversos grupos en su concepción, no deja de estar marcada por un criterio uniformador etnocentrista y colonialista.
Por su parte las universidades, gravitan dentro de ese contexto y se acogen simplemente a la política de ampliar cobertura ofreciendo a los indígenas facilidad de ingreso a las aulas universitarias. No parece adecuado someter a las culturas autóctonas a unas políticas únicas. Esos grupos tienen una percepción diferente del cosmos, de la vida, del desarrollo, del progreso.
El IMA quiere continuar en diálogo con las culturas autóctonas teniendo en cuenta la experiencia positiva lograda en sus cuatro Sedes: Medellín, Toribío, Leticia y Pto. Asís. Para todo ello se sigue contando con el patrocinio desinteresado y abierto de la Iglesia particular de Medellín a través de su Universidad Pontificia Bolivariana.
Nuestro lema es: “Nosotros al servicio de los otros en el nombre del OTRO”
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