MIME-Version: 1.0 Content-Location: file:///C:/A502BD8E/JoseComblin.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
CUADERNOS MOVIMIENTO
TAMBIEN SOMOS IGLESIA-CHILE
C=
orreo:
somosiglesiachile@hotmail.=
com
<= o:p>
¿CUÁLES SON LOS DESAFÍOS DE LOS TEMAS TEOLÓGICOS ACTUALES?
<= o:p>
T=
eólogo
P. José Comblin
<= o:p>
<= o:p>
<=
span
lang=3DES style=3D'font-size:11.0pt;font-family:Verdana;mso-bidi-font-famil=
y:Arial'>Sótero
del Río 475, oficina 203, fono-fax 696 4491, Santiago - Chile
&=
iquest;CUALES SON
LOS DESAFIOS DE
LOS TEMAS TEOLOGICOS ACTUALES?
<= o:p>
<=
span
style=3D'mso-tab-count:8'> &=
nbsp; &nbs=
p; &=
nbsp; &nbs=
p; &=
nbsp; &nbs=
p; =
Por teólogo P. J=
osé
Comblin
<= o:p>
=
&nb=
sp; =
&nb=
sp;
INTRODUCCION
<= o:p>
=
Como
dijo el historiador Erc Ho=
bsbawn:
“El siglo XX fue breve”.
Comenzó en 1914 con la primera guerra mundial y terminó=
; en
1991 con el desaparecimiento de
=
Lo
que de ahora en adelante condiciona todo es el nuevo imperio americano. Antes los Estados Unidos procuraban
mantener su dominio sobre la mitad del mundo, con el deber de defenderse
=
El
imperio americano promueve, en el mundo entero, una cultura de individualis=
mo
radical. Practica el
neoliberalismo, que hace del ser humano una mercadería. El mundo es visto como un gran mer=
cado
en que todos los seres humanos, como compradores o vendedores están =
en
una competición constante.
En esa competición hay vencedores y vencidos. El grupo de los vencedores es el
compuesto por las grandes multinacionales- en su mayoría americanas-=
, y
el de los vencidos son los
países débiles y los sectores débiles de los paí=
;ses
ricos.
=
Eso
ya está relacionado con la teología: el reino del dinero no es
algo insignificante para un cristiano-&nbs=
p;
Además de eso el imperio mundial se muestra como representante
oficial y como misionero del cristianismo.=
El tiene una ideología con base religiosa. El imperio es cristiano, fan&aacut=
e;ticamente
cristiano, porque dirigido por una nueva clase que domina actualmente el
partido republicano, la llamada nueva derecha. Eso también interesa a la
teología.
=
Ocurre
que el triunfo americano vació las otras ideologías y
cuestionó las otras religiones- también los sectores del
cristianismo que no se reconocen en el mesianismo norte-americano. En el mu=
ndo
occidental las filosofías dominantes de la posm=
odernidad
son las filosofías que predican el abandono de las grandes causas de=
la
humanidad, el retorno a la casa, a un
ideal pequeño-burgués, con un pensamiento “lightR=
21; que
se contenta con los pequeños placeres de la vida. El mundo pertenece al imperio, y l=
os
filósofos ofrecen recetas para quien busca consuelo. La posmoderni=
dad
es un fenómeno europeo. Hay
una toma de conciencia de que Europa perdió el liderazgo de la cultu=
ra
occidental y de que ahora todo procede de los Estados Unidos.
=
La
teología dominante, la del imperio, es la teología de la
prosperidad. Ella garantiza q=
ue
Dios dará la prosperidad a todos los que adhieren al sistema. Dios resuelve todos los problemas
individuales; por consiguiente, no hay más problemas sociales. Como
decía Margareth Tha=
tcher:
“la sociedad no existe, solamente existen individuos”. Si la sociedad no existe, necesita=
mos
solo una religión para el individuo. Esa teología es difundida p=
or
decenas de millones de predicadores y misioneros pente=
costales
en todo el mundo. Todo quedó muy simple: Jesús salva,
Jesús resuelve, Jesús perdona, Jesús da paz y felicida=
d a
todos. Basta querer, basta
aceptar… y hacer un depósito en la cuenta bancaria del misione=
ro.
=
El imperio es un tema teológ=
ico de
por sí, y merece serias reflexiones- aunque en la actualidad pocos se
interesen por él, siendo ese el caso del Departamento Ecuméni=
co
de Investigaciones (DEI) de Costa Rica.&nb=
sp;
Los teólogos vienen siguiendo el movimiento de la sociedad
global. Delante del triunfo
aplastante del sistema, quedaron intimidados. En ese sentido las Iglesias hoy
están mudas- convencidas de que no se saca nada con hablar, toda vez=
que
¡“ellos” son demasiado fuertes!
=
El imperio está en la raíz de otro desafío: el =
de
las grandes religiones mundiales. El imperio tiende a la globalizació=
;n y
aproxima a los pueblos. El lo=
hace
a su manera: domina el mundo en nombre del Dios de los cristianos. El es la imagen histórica d=
el
cristianismo en medio del mundo. Lo que los Estados Unidos hacen, es hecho =
en
nombre de la religión cristiana.&nb=
sp;
Eso sitúa de manera muy específica las relaciones entre
las religiones del mundo. El
cristianismo es la religión del dominador, y las otras son religione=
s de
los dominados. Es en ese cont=
exto
que debemos pensar las relaciones entre&nb=
sp;
religiones. Dentro del
imperio no podemos permanecer neutros porque ya estamos en un lugar
determinado. Ya fuimos identificados.
Podemos aceptar esa identificación o dar señales
claras de que no solidarizamo=
s con
ella. Necesitamos definirnos =
en
términos claros, de tal modo que nuestra posición sea
visible. Debemos definir nues=
tras
relaciones dentro del imperio mundial.&nbs=
p;
No estamos encima del imperio o distantes de él, como un part=
ido
imparcial. Estamos dentro.
¿No se tiene la impresión de que las Iglesias hayan cortado t=
odo
lazo de dependencia del imperio?
=
¿Cómo
se hará el encuentro con las grandes religiones del mundo con las cu=
ales
se identifican las grandes masas humanas?&=
nbsp;
Si hoy las Iglesias quieren evangelizar, no pueden evitar el
diálogo con la grandes religiones- como s=
e hizo
desde el siglo XVII, cuando Roma cortó las relaciones con las religi=
ones
de
=
En
el presente, el problema está nuevamente puesto en condiciones que no
fueron definidas por nosotros, sino por el imperio de los Estados Unidos. A los ojos de los otros, estamos d=
el
lado de los dominadores hasta que nos manifestemos claramente en el sentido
contrario. Entre los dominado=
res y
los dominados no podemos permanecer neutros, como si no tuviésemos n=
ada
que ver con eso. Estamos en el
centro del drama. Quien no qu=
iere
escoger, ya escogió.
=
Delante
de esa situación hay dos posiciones posibles. O creemos que, el camino de la evangelizaci&oacut=
e;n
del mundo pasa por el imperio americano, así como pasó por el
imperio romano, por el imperio de Carlo Magno, =
por el
imperio germánico y por el imperio español en América.=
=
Sería, de cierto modo, ser fiel a una larga tradición
histórica. Es bien pos=
ible
que el imperio americano consiga cierta penetración cristiana en los
países asiáticos o africanos mediante una penetración =
de
sus misiones de tipo neo-pentecostal. Esto no puede ser descartado.
=
Los
métodos del marketing mostraron su eficiencia en muchas áreas=
del
comercio y de la cultura. Y, =
al
final, el cristianismo es la religión de mayor potencia que jam&aacu=
te;s
existió en la tierra, y muchos pueden quedar fascinados por la fuerza
del imperio, procurando también asimilar alguna cosa de esa fuerza.<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> Por otra parte, las minorías
cristianas de Goa), de Inglaterra (India) y de Francia (Indochina).=
Ese prestigio desapareció c=
asi
completamente, pero las islas cristianas ya están suficientemente
implantadas para permanecer y subsistir por sí mismas.
=
Hoy
la cuestión adquirió nueva urgencia: el imperio dispone de me=
dios
infinitamente superiores a los de los imperios del pasado. ¿Es
descabellado que movimientos misioneros esperen que la evangelizació=
n de
las grandes religiones se haga por su vaciamiento y por la conversión masiva pa=
ra el
cristianismo en sus diversas variedades gracias a la fuerza del imperio? Sin embargo, incluso si fuese posib=
le
realizar la cristianización de los pueblos asiáticos por medi=
o de
la fuerza material y cultural del imperio, ¿podemos moralmente acept=
ar
ese camino- una vez que la experiencia de los últimos siglos nos
abrió los ojos? Sabemo=
s como
se hizo la cristianización de los pueblos en el pasado de la
cristiandad. ¿Podemos
simplemente ignorar toda esa experiencia y pensar que el imperio actual es
más cristiano que los anteriores?&n=
bsp;
La metodología estaría basada en el marketing.
¿Podemos practicar un simple marketing
contando con las fuerzas del mercado para conquistar las almas de los
pueblos? Bien sabemos que en =
el
clero no faltará quien haga la apuesta de cerrar los ojos sobre los
aspectos un poco desagradables del =
marketing
con la esperanza de ganar la batalla y de hacer del cristianismo la
religión mundial, y de
=
Podemos
hasta imaginar que esa estrategia tenga éxito y que el mundo se torne
cristiano por métodos de marketing.=
Pero, ¿qué tipo de cristianismo será
difundido? ¿Todav&iacu=
te;a
tendría algo de común con el evangelio de Jesucristo?
=
Si
no creemos en la evangelización por el imperio americano (con todos =
sus
apéndices), entonces somos convidados a buscar el diálogo.
=
El
tema teológico actual nos fue impuesto por el imperio. El imperio nos incorporó en=
un
sistema dominador. Necesitamos definirnos y definir el camino de la
evangelización que queremos: ¿con las armas del imperio, o po=
r el
diálogo con las religiones del mundo?
=
&nb=
sp; =
&nb=
sp; =
&nb=
sp; =
&nb=
sp;
CAPITULO
1 =
<= o:p>
Es
un desafío colocar a los pobres como objeto del primer
capítulo. Estamos en un
tiempo en que se proclama que=
la
teología de la liberación murió, que las comunidades de
base agonizan y que la pobreza dejó de interesar a la
teología. La Iglesia r=
omana
eliminó a los pobres de la consideración de la teologí=
a y
de la Iglesia en el documento final del Sínodo para América, =
en
1997. Roma extinguió l=
o que
los obispos latino-americanos habían dicho sobre los pobres. Los pob=
res
vuelven a ser receptores de limosnas y objeto de asist=
encialismo. No se ve la necesidad de que la
teología se ocupe de esa realidad.
=
Ese
rechazo de los pobres del campo de la teología oficial encuentra un
terreno muy favorable en la cultura occidental contemporánea. En Eur=
opa,
la filosofía afinada con la mentalidad pos-moderna triunfa hace
más de 30 años, procediendo de una inmensa desilusión =
en
relación a la modernidad en general y al marxismo y al socialismo en
particular. Desde 1973- con la
crisis del petróleo que interrumpió el crecimiento
económico- los acontecimientos vinieron a profundizar cada vez
más la desilusión. Una vez interrumpido el crecimiento, los
europeos comenzaron a dudar que el desarrollo de tipo moderno pudiese realm=
ente
responder a las esperanzas que despertó desde el siglo XVIII. Por primera vez las masas europeas
comenzaron a dudar del rumbo adoptado por su sociedad- lo que no acontece en
los Estados Unidos, que ostentan el sentimiento de triunfo.
=
El
socialismo se vació.
Apareció un socialismo- del tipo Tony Blair, G.Schröder, F=
elipe
González, François Mitterand-
vacío de contenido y convertido al neoliberalismo. Con la decadencia=
de
la social democracia y el vaciamiento de la democracia cristiana, cuya
señal fue la disolución de ese partido en Italia, los militan=
tes
perdieron la esperanza en la política. Cada nuevo paso confirma la
convicción de que nada de nuevo se puede esperar. La historia terminó, las
ideologías murieron, los compromisos fueron dejados para
después. Nadie cree
más en nada consistente. La
filosofía pos-moderna encuentra el terreno ideal en esa mentalidad.<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> Es el fin de las grandes narracion=
es y
de las grandes filosofías de la historia- y, naturalmente,
también el fin del marxismo.
=
En
Roma, el Papa Juan Pablo II creía que la crisis de la modernidad
sería el momento de la vuelta a la cristiandad histórica. Desilusionados de la modernidad, l=
os
europeos volverían a su antigua herencia. Si Juan Pablo II pensaba así=
;- lo
que se transparentó en varios discursos en el inicio de su
pontificado-se desilusionó fuertemente. Nadie volvió de la modernid=
ad al
cristianismo católico o protestante. Por el contrario, el cristianismo =
fue
considerado como una ideología moribunda, como una gran narraci&oacu=
te;n
sin fundamento en la realidad- y con la desventaja de ser muy anticuada.
=
Actualmente,
se defiende el fin de las utopías.&=
nbsp;
El pensamiento se torna “lightR=
21;. El individualismo reina, ya que no=
hay
más grandes proyectos comunitarios. Cada cual busca su mayor
confort. El confort es el val=
or
supremo buscado por la juventud.
Sin riesgo, sin aventura, sin compromiso, sin responsabilidad, el mu=
ndo
funciona por funcionar, y nada más.=
¡Es el ideal pequeño burgués glorificado!
=
Hace
aproximadamente 30 años Europa todavía significaba algo para =
las
elites latino-americanas- especialmente para las izquierdas, que creí=
;an
que podían encontrar apoyo en el socialismo de allá. Ahora to=
do
acabó. Europa se
volvió un lugar de turismo para la izquierda y para la derecha. Entretanto, hace algunos añ=
os, la pos-modernidad entró también en las c=
lases
intelectuales y tuvo repercusiones, aunque muchos no supiesen de donde
venían esas ideas pos-modernas.&nbs=
p;
Buena parte de la burguesía entró en la
pos-modernidad. Basta ver lo =
que
acontece en las universidades: ¿qué quieren los millones de e=
studiantes
que preparan ahí el mundo del mañana? Quieren resolver su problema perso=
nal.
Buscar el mejor lugar posible en esta sociedad individualista. No hay más ni proyecto, ni
ideología, ni compromiso.
Están solitarios, bien lejos de los sueños alimentados=
por
los estudiantes de los años 60 ó 70.
=
La pos-modernidad sirvió para aumentar todav&ia=
cute;a
más la desilusión latino-americana- que se inició el 1=
1 de
septiembre de 1973, en Chile. Fue
como un relámpago. De
repente pareció como que el mundo había cambiado y que las
esperanzas cayeron por tierra. Después de ese golpe, las esperanzas
buscaron descubrir nuevas bases, pero nunca más fue como antes de aq=
uel
11 de septiembre- para
América Latina esa fecha representó lo que para los Estados
Unidos acontecería 28 años después. Aquel 11 de septiembre fue para
América Latina el inicio del siglo XXI, el fin de su independencia, =
su
entrada en aquello que debía ser, en el final del siglo, un imperio
mundial. Más tarde hub=
o una
renovación de las esperanzas en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> Pero tales esperanzas se tradujero=
n en
nuevas y profundas desilusiones.
Ese fue el caso, por ejemplo, de la forma como fueron redemocratizados Chile y Brasil, donde el socialismo
latino-americano se alineó con el socialismo europeo. Cada día queda más c=
laro
que se está perdiendo la oportunidad de cambio en la sociedad. No es necesario recordar las inmen=
sas
desilusiones en Ecuador, en Perú, en Bolivia, en Paraguay, e incluso=
en
México- con la interrogante sin respuesta de Chiapas.
=
En
medio de todo ese desánimo, las propagandas oficiales van repitiendo=
que
el modelo neoliberal será la salvación y resolverá los
problemas de la pobreza. Bast=
a solo
un poco de paciencia para alcanzar el desarrollo milagroso- que los dirigen=
tes
suponen acreditar. Claro que no hay cómo creer en eso. América Latina continuar&aa=
cute;
trabajando para pagar los intereses de la deuda, sin emprender las debidas
transformaciones profundas de la economía y de la sociedad, bajo la
conducción de Estados impotentes.
=
En
tal situación, se podría esperar que la Iglesia afirmase su
esperanza, la necesidad de renovar la utopía, de desenmascarar el
pensamiento único y la mentira diaria de las TV, de los gobiernos, de
las autoridades de todo tipo – que dejaron de creer y por eso se
entregaron al imperio.
Desgraciadamente no es eso lo que acontece. Quien todavía levanta la vo=
z son
los viejos representantes del pasado, pero la generación que dirige
actualmente la Iglesia abandonó a los pobres y se contenta con acept=
ar las
mentiras de la ideología oficial.&n=
bsp;
Entró en el sistema, procurando practicar su juego: adquirir
poder y dinero para competir.
Mientras
tanto, los pobres están ahí.=
Se multiplicaron desde que se implantó el sistema neoliberal,
casi sin resistencia, por una traición de las elites que no hacen si=
no
renovar la vergüenza del sistema colonial. Los pobres están ahí=
, no
pudiendo ser escondidos- a pesar de
muchas tentativas en ese sentido.&n=
bsp;
Son demasiados. Están ahí y existen. Ya no podemos
esconder esa realidad. Sabemo=
s que,
en el evangelio, para Jesús, esa existencia es el pecado bási=
co
de la humanidad. No es fatalidad, mala suerte, necesidad natural. La pobreza de los pobres est&aacut=
e;
directamente ligada a la riqueza de los otros que no quieren compartir.
=
El
sistema quiere negar el problema al proclamar que el sistema neoliberal va a
resolver la cuestión y hacer desaparecer la pobreza. El sistema funciona y las elites
dirigentes del mundo, de las multinacionales, de los conjuntos financieros,=
de
los grandes manipuladores de la especulación están felices. H=
ay
mucha gente feliz hoy, queriendo que el sistema continúe y disponien=
do
de todos los poderes para que pueda continuar. Esas personas ganan mucho
dinero, creen que la economía va bien y que, gracias al crecimiento,=
van
a ganar todavía más dinero.
=
Pero
los pobres están ahí.
Las cuestiones fundamentales para las Iglesias continúan sien=
do
éstas: ¿existen o no existen los pobres? El sistema, ¿está
resolviendo el problema de la pobreza? No se trata solamente de la pobreza
material, sino de la pobreza social, intelectual y humana. Se trata del
problema del nacimiento de un mundo excluido condenado a no ser nunca nada-
personas que son inútiles para la sociedad, por no integrarse en el
sistema. Son los “inempleables”, qu=
e no
tienen el mínimo de condiciones humanas para ejercer una funci&oacut=
e;n
en la sociedad.
=
Por
eso, la cuestión teológica primordial, previa a cualquier
exposición, es: ¿vamos a hablar de la pobreza, o vamos a
silenciarla como siendo un no- problema teológico? Cualquier
publicación teológica da una respuesta explícita o
implícita a esa cuestión.&nb=
sp;
A partir de eso ya se sabe el desarrollo de todo el contenido.
=
Cualquiera
que sea el nombre que se le pueda dar, la teología debe colocar en
primer lugar esa cuestión previa.&n=
bsp;
Si, como lo haremos aquí, optamos por la existencia de los
pobres, podemos pasar a la cuestión siguiente: ¿por qué=
; en
la actualidad las Iglesias, en sus instituciones y en sus representantes, no
gritan? Los que no tienen voz,
tienen menos influencia hoy que hace 30 años. La Iglesia,
¿será la no voz de los que no tienen voz? A pesar del silencio de la
institución, los pobres deben ser el primer tema de la teologí=
;a.
=
La
cuestión de la pobreza es básica para el tema siguiente, que =
es
el más comentado hoy: en el encuentro de las religiones,
¿qué significa el cristianismo? ¿Cuál es el mensaje =
del
cristianismo en medio de las otras religiones? ¿En qué el
cristianismo se distingue de los otros?&nb=
sp;
Las respuestas van a depender de la cuestión de los pobres.
=
EL PLURALISMO DE LAS
RELIGIONES
CAPITULO 2
=
Los apóstoles fueron enviados p=
ara
anunciar la buena nueva a todos los pueblos, cualquiera que fuese su
religión. ¿Qu&e=
acute;
significa exactamente eso hoy? La inmensa mayoría de los seres human=
os
pertenece a una de las grandes religiones mundiales. Pero esos billones de seres humano=
s,
¿se identifican con la práctica del anuncio de la buena nueva=
que
les es hecha? Finalmente,
¿qué es la buena nueva en un lenguaje que esos pueblos puedan
entender?
&nb=
sp; Los
“misionólogos”
contemporáneos ya demostraron que repetir hoy lo que fue dicho y hec=
ho
durante 16 siglos sería como mínimo obsoleto, perjudicial, y
provocaría una reacción de rechazo. Todo lo que fue dicho y hecho dura=
nte 16
siglos estaba basado en la superioridad militar, política,
económica y cultural del Occidente (y del Oriente bizantino y
ruso). ¿Cómo de=
bemos
observar a las otras religiones sin contar con una posición de
superioridad material o cultural? &nb=
sp;
Aquí nos aproximamos a otro tema básico: el poder. ¿Cómo evangelizar sin
superioridad de poder?
&nb=
sp; La
alternativa sería integrar la misión en el imperio americano,
como fue hecho en el pasado con los antiguos imperios. ¿Sería moralmente po=
sible
hacer eso hoy?
&nb=
sp; La
doctrina católica tradicional era de una arrogancia objetiva cruel.<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> Enseñaba que solamente se
salvarían los que perteneciesen a la Iglesia Católica y se
sometiesen a ella, y que todos los otros serían condenados al infier=
no
eterno. ¿Cómo f=
ue
posible ser tan arrogante? Er=
a la
arrogancia el poder. Fue solamente en el siglo XX que algunos teólog=
os y
autores espirituales buscaron algunas salidas para salvar, por lo menos en
parte, esa inmensa masa humana. Se
dice que San Francisco Javier tenía insomnios pensando en la
condenación eterna de la multitud de paganos que había en la
India. ¿Debemos pensar que los teólogos y los obispos que
habían deformado de esa manera la cabeza de Francisco Javier estaban
desprovistos de sensibilidad humana?
Habrá que pensar que San Francisco Javier tuvo su mente defor=
mada
por la teología que aprendió. La base de todo era el poder. Él era representante de un
inmenso poder espiritual fundado en el poder material de la cristiandad.
&nb=
sp; Los
doce franciscanos de la provincia de Extremadura que ll=
egaron
a México para evangelizar la Nueva España, creyeron que lo
más urgente era bautizar para que esos paganos por lo menos se salva=
sen.
Si no fuesen bautizados se irían al infierno. Creían que la
evangelización vendría después, mas era urgente bautiz=
ar.
Bautizaron con las propias manos a más de 4 millones de
indígenas. No importab=
a si
no había tiempo para explicarles lo que era el bautismo. Lo importante era salvar las almas=
del
infierno. Para los misioneros del pasado, bautizar siempre fue más
importante que evangelizar. Y
evangelizar era enseñar el catecismo.
&nb=
sp; Estaba
implicado en eso que las religiones de los paganos no los ayudarían =
en
nada para salvarse. Por el
contrario la doctrina afirmaba que las religiones paganas eran obra del dem=
onio
para confundir a los seres humanos.
Incluso cuando ellas decían cosas muy semejantes al cristiani=
smo,
era para engañar mejor y para seducir a los pobres paganos. Fue ese el modo como los francisca=
nos
procuraron explicar a los jefes religiosos de la Nueva España que los
cristianos eran portadores de la verdad, y los otros no. Y eso porque los franciscanos
todavía respetaban a los sacerdotes nativos que los escuchaban. En el siglo XVII, las religiones d=
e los
indígenas fueron sistemáticamente destru=
ídas
en todas sus expresiones y sus fieles fueron cruelmente perseguidos. Todo en nombre de Dios, con la may=
or
humildad.
&nb=
sp; En
el siglo XX, comenzó un nuevo recorrido. Algunos hallaron demasiado cruel la
condenación de la inmensa mayoría de la humanidad al infierno.
Buscaron maneras de salvar por lo menos una parte de esa humanidad. Comenzaron por el lado de la
conciencia. Los paganos
podían no ser subjetivamente culpables de todas las falsedades que
aceptaban. Aunque sumergidos en el error, podían salvarse por la
conciencia errónea, concepto aceptado en la teología moral.
&nb=
sp; Un
paso siguiente fue reconocer que los paganos podían realizar obra buenas- obras de caridad-, que podrían
merecerles la salvación si objetivamente no tenían posibilida=
des
de conocer el cristianismo y por eso no lo negaban. En esa concepción, los paga=
nos
podían salvarse a pesar de su religión; esta era todaví=
;a
concebida como totalmente errónea. Quien se convertía al
cristianismo debía abjurar solemnemente y condenar todo lo que
había en su religión anterior.
&nb=
sp; Cuando
se produjo la descolonización, o sea, la ruina de los imperios en los
que se apoyaban los misioneros, se tornó difícil enseñ=
ar
todavía la idea de la superioridad intelectual y moral del hombre bl=
anco
y, por consiguiente, la idea de la inferioridad mental o moral de las otras
religiones. Ya no era posible
mantener la condenación de esas religiones como siendo obras del
demonio. Era preciso rever la
relación entre el cristianismo y las propias religiones, y no solame=
nte
con las personas que pertenecían a ellas. Esas religiones, ¿no
podían tener elementos positivos?&n=
bsp;
Y si ellas tuviesen elementos positivos ¿no podrían
también contribuir a la salvación de sus miembros?
&nb=
sp; Así
llegamos al problema del pluralismo de las religiones, uno de los objetos
centrales de la reflexión teológica de hoy. Si las religiones del mundo pueden=
tener
un papel positivo en la salvación de sus miembros, debemos preguntar=
nos:
¿de dónde les viene esa capacidad? ¿De dónde viene su p=
oder
de salvar?.&nbs=
p;
Eso nos lleva todavía a otra cuestión: ¿no
será porque recibieron también una forma de revelación=
de
Dios? ¿No habría
también un don de Dios en ese poder y salvación?
&nb= sp; De esa forma llegamos a la revisión del concepto de revelación.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'> La revelación no es don exc= lusivo del cristianismo. Ahora bien, si todas las religiones recibieron algo de la revelación, puede haber diálogo y comunicación mutua e= ntre ellas. Todas pueden aprender = la parte de verdad que les fue revelada. Esas son cuestiones levantadas por el pluralismo de las religiones.<= o:p>
&nb=
sp; Por
su lado, la misión genera una relación entre el misionero y s=
us
interlocutores. Durante siglo=
s la
relación era entre un misionero, que sabía toda la verdad y
enseñaba esa verdad, y otra persona, que era ignorante. Se establecía así, u=
na
relación entre todo y nada.
&nb=
sp; Ahora,
ese tipo de relación queda cuestionado. Volviendo a los orígenes, se
llega a la conciencia de que la misión no puede ser de conquista, ni
abierta, ni subrepticia. Ella=
no
puede ser una imposición, tampoco una imposición disfrazada p=
or
la superioridad intelectual del misionero. Hoy, la doctrina misionológica
profesa que la misión se realiza en el diálogo. Un diálogo supone el encuen=
tro
entre dos personas iguales, que por lo menos se sitúan en nivel de
igualdad. No hay diálo=
go
posible entre superior e inferior.
Si uno de ellos sabe todo y el otro nada, no hay diálogo, sino
clase; estamos en una escuela, y la relación es de maestro y alumno,=
lo
que es relación de desigualdad. El diálogo supone que los dos
reconocen que pueden aprender algo del otro. Si el cristianismo sabe todo y no =
puede
aprender nada, no habrá diálogo posible. Debemos reconocer que
hay en otras religiones elementos que nosotros no tenemos y que podemos
aprender. No se puede saber de
antemano lo que es, porque para eso existe justamente el diálogo.
&nb=
sp; ¿Nosotros
podemos aprender de las otras religiones?&=
nbsp;
Ciertamente, pues la verdad cristiana es Jesucristo. ¿Podemos afirmar que conoce=
mos y
entendemos todo sobre Jesús?. Otros, a partir de otras religione=
s,
¿no pueden percibir cosas que nosotros no percibimos? Es bueno recor=
dar
que nuestra cultura, como las demás, es limitada; y nuestra
religión depende de nuestra cultura.
&nb=
sp; No
vamos a anunciar la Buena Nueva como algo que excluye o destruye todo lo que
los seres humanos sabían antes.&nbs=
p;
La Buena Nueva viene al final del edificio del saber. Jesús no
dijo que los judíos debían olvidar todo el Antiguo Testamento=
, a
pesar de los errores que contenía.&=
nbsp;
Preservó el Antiguo Testamento y presentó la Buena Nue=
va
como el estado más perfecto y acabado de la fe que ya
tenían. Podemos hacer =
la
misma operación con los escritos de las otras religiones. No es preciso destruirlas, sino
presentar la Buena Nueva como lo que completa y perfecciona lo que ya
sabían. No deben renunciar a lo que ya sabían, sino recibir u=
na
confirmación y una profundización. Un ejemplo de eso ya tuvimos con la
filosofía griega, pero todavía falta experimentar eso con una=
de
las grandes religiones mundiales.
Puede ser que el budismo sea el mejor candidato en este momento.
&nb=
sp;
&nb=
sp; Los
cristianos de los tiempos de la cristiandad eran extremadamente pesimistas
sobre la naturaleza humana, y San Agustín solamente aumentó y
justificó ese pesimismo. Era como si todo en la humanidad fuese peca=
do,
salvo algunas excepciones que Dios consigue salvar. Jesús no se refleja en ese
pesimismo. A la luz de los
evangelios, podemos visualizar a la humanidad con más optimismo,
así como el Espíritu lo enseñó a Pedro. No debemos pedir que la
conversión sea una renuncia a todo lo pasado, incluso lo
espiritual. Un filósofo
griego que se hacía cristiano no debía renunciar a su
filosofía, mas encontraba en el cristianismo la plenitud de su
filosofía.
&nb=
sp; Creemos
que todos los seres humanos pueden encontrar en el evangelio una buena nueva
que los libere. No podemos fijar los contornos de antemano, menos
todavía mostrar a otros el camino que deben seguir, porque Dios mues=
tra
eso a cada uno de ellos y a sus conjuntos religiosos y culturales.
&nb=
sp; La
teología del pluralismo religioso obliga a los cristianos a volverse
sobre sí mismos para descubrir lo que es el cristianismo, en qu&eacu=
te;
consiste la Buena Nueva, qué es lo que Dios quiso decir a la humanid=
ad,
dejando de lado todos los elementos de religión que fueron agregados
durante los siglos. Estos tie=
nen su
valor, por lo menos en cierta tradición religiosa, pero no son el
mensaje que es preciso anunciar a los otros que son ajenos a nuestra
tradición cultural y religiosa.
&nb=
sp; La
búsqueda del núcleo central del cristianismo- o, como se
decía en el siglo XIX, de la “esencia” del cristianismo-=
no
puede ser hecha por cristianos aislados del mundo. Este es un trabajo que se hace en
diálogo. En diá=
logo
con otros, descubrimos muchos elementos que pensábamos básico=
s y
necesarios, y que no pertenecen necesariamente al evangelio. Ellos mismos proporcionan mé=
;todos
y conceptos que nos permiten hacer el análisis crítico de nue=
stro
propio mensaje. De esa manera,
ellos mismos contribuyen a su evangelización, porque van ayudando a =
descubrir
el sentido del anuncio de Jesucristo.
&nb=
sp; Durante
siglos, se pensó que la tarea de la teología consistía=
en potencializar la doctrina, introduciendo en ella todo=
s los
conocimientos humanos. De la Summa Theologica muchos querían hacer una
enciclopedia o síntesis universal de las ciencias. La
neo-escolástica ya había aumentado mucho el volumen de la
doctrina. Cuando aparecieron =
las
ciencias humanas de la sociedad moderna, creyeron que era necesario incluir
todo en la teología.
Pío XII creía que debía tratar de todos los asu=
ntos
y que la Iglesia debía dar su opinión sobre todas las
materias. Con el crecimiento
notable de la administración de la curia, esa tendencia ganó
fuerza, y la Iglesia pasó a hablar sobre todo- siempre con el
sentimiento de decir la verdad que los otros no saben, o de decir más
perfectamente que los otros lo que ellos pensaban. La Iglesia se atribuyó la
función de decir la palabra final sobre todos los asuntos. Suponen q=
ue
el prestigio de la Iglesia está en eso y que hay personas que van a
convertirse gracias a la vastedad de la doctrina.
&nb=
sp; Tenemos
pocas experiencias de misión en diálogo con las religiones,
porque lo que más determinó la historia del cristianismo en el
imperio romano fue el diálogo con los filósofos griegos. Casi nada sabemos de lo que
aconteció con los cristianos en el imperio persa. Ya que estos cristianos eran trata=
dos
como espías del imperio romano, no tuvieron mucha oportunidad de
desarrollo. Era preciso examinar más atentamente lo que aconteci&oac=
ute;
en la Iglesia de Etiopía, ya que es la única que nos llega de=
los
primeros siglos. Y procurar juntar una documentación sobre la
experiencia de evangelización sin conquista. Ver, por ejemplo, como en Corea el
cristianismo y las religiones locales reaccionaron una sobre la otra.
&nb=
sp; La
experiencia de los filósofos cristianos fue una experiencia de elites
sociales e intelectuales. Lo =
que
conocemos menos es el contacto y la comunicación entre el cristianis=
mo y
las otras religiones entre los pobres.
&nb=
sp; De
cualquier manera, sabemos que, de ahora en adelante, el progreso de la
teología consiste en disminuir en lugar de aumentar, en buscar lo qu=
e es
fundamental, buscando mirar a Jesús independientemente de toda la
tradición ulterior- al contrario de lo que se hizo en la cristiandad,
que era conocer a Jesús por medio de la tradición cultural en=
que
se presentaba. Otras cuestion=
es
permanecen abiertas: ¿fue Dios quien quiso la pluralidad de las
religiones? ¿Esa plura=
lidad
está destinada a perseverar para siempre? ¿De qué manera podem=
os
imaginar el relacionamiento entre cada
religión y la misión cristiana? ¿<=
/span>Tal
relacionamiento apuntaría a subrayar asp=
ectos
homogéneos o cada religión tendría un destino diferent=
e.
=
&nb=
sp; =
&nb=
sp; =
REVELACIÓ=
N
CAPÍTULO 3
&nbs=
p; La
doctrina tradicional es muy clara.
Hay una revelación natural que se manifiesta en los conocimie=
ntos
humanos sobre Dios. Y hay una
revelación sobrenatural en la cual Dios interviene directamente por
intermedio de personas escogidas para trasmitir a los seres humanos lo que
quiere comunicar. Hay solamen=
te una
revelación sobrenatural que es la revelación hecha a los auto=
res
del Antiguo y del Nuevo Testamento, los cuales prepararon, presentaron o
explicaron la revelación hecha por Jesús. En las otras religiones todo proce=
de del
conocimiento natural de los pueblos.
No habría intervenciones de Dios que pudiesen ser comparables=
con
las revelaciones del Antiguo o del Nuevo Testamento. Eso es lo que afirma la doctrina
tradicional.
=
Sin
embargo, en la actualidad surgió una serie de hechos que cuestiona la
doctrina tradicional. En prim=
er
lugar, en los últimos dos siglos los estudios bíblicos cambia=
ron
bastante la idea que se hacía de la Biblia. Tales estudios destacaron, cada vez
más, la parte humana de la Biblia.&=
nbsp;
Ya no hay como sustentar que todas las palabras en ella escritas fue=
ron
inspiradas directamente por Dios.
También no hay cómo defender que todos los pensamientos
que están ahí expresados sean pensamientos de Dios. Los libros ahí reunidos son=
el
resultado de una larga historia en que interfirieron mu=
cha
personas, diversos factores y varias culturas.
=
Si
los libros religiosos de los otros pueblos expresan toda una cultura y son =
el
resultado de toda una historia, en eso no son diferentes de la Biblia porque
aconteció la misma cosa con ella.&n=
bsp;
Ya no podemos pensar que Dios dictó los textos bíblicos
tales cuales están escritos- como todavía hoy hay musulmanes =
que
dicen eso del Corán. L=
os
libros traen la marca de diversas épocas, diversos autores y diversas
fases en la vida del autor. L=
os
estudios destacaron todo lo que se debe a la cultura, al estilo personal, a=
las
circunstancia de la época.
Hay una diversidad literaria muy grande que sólo se puede
atribuir a Dios suponiendo que el usó estilos diferentes para hacer
pensar a los lectores que hubo muchos autores cuando hubo uno solo. Eso
sólo sería posible si viniese de un Dios muy bromista.
=
Además
de eso, hay una evolución en las doctrinas bíblicas. La Biblia comienza con una forma de
politeísmo y termina con el monoteísmo. ¿Dios sería autor de=
las
dos concepciones? ¿No =
se
debe suponer una gran autonomía de los autores, ya que sus escritos
defienden conceptos desmentidos por fases ulteriores de la evolución=
de
la Biblia? No es aquí =
el
caso de exponer la teología bíblica actual, pero es út=
il
mencionar que la parte humana de la redacción aparece cada vez
más claramente. Es cada vez más difícil situar donde se
halla la intervención de Dios en la Biblia. Ese libro divino es también=
muy
humano y, por consiguiente, no radicalmente diferente de otros libros
religiosos. Con eso,
podríamos caminar hacia dos direcciones diferentes: hacia una
concepción que diría que todo es revelación o hacia una
concepción que diría que nada es revelación. Una teología de la
secularización estaría mas
atraída por el segundo camino.
En el diálogo con las religiones podríamos ser
atraídos por la primera concepción.
=
En
segundo lugar, está el problema de la historicidad. En todas las religiones, los escri=
tores
que escribieron sobre la vida de los fundadores atribuyen maravillas a sus
héroes. En el caso de =
los
fundadores, los historiadores concluyen habitualmente que todo eso es
manifestación del inicio del culto que comienza a dirigirse al funda=
dor
y que los milagros a él atribuidos son frutos del entusiasmo
religioso. En el caso de
Jesús los exegetas católicos retroceden y pretenden defender =
la
historicidad de hechos muy semejantes.&nbs=
p;
La crítica histórica para, cuando se trata de la
Biblia. Mejor dicho: ella par=
aba,
porque en la actualidad los exegetas entran cada vez más en el camino
crítico en lo que dice respecto a todas las maravillas de la vida de
Moisés o de los profetas, como Elías, e incluso de la vida de=
Jesús.
Por este lado también hay semejanzas entre los libros religiosos de =
los
paganos y la Biblia. No basta=
decir
que las maravillas contadas por los libros religiosos no cristianos son fru=
to
de la imaginación popular, pero que las maravillas narradas en la Bi=
blia
son hechos históricos. Tal
tipo de interpretación se torna cada vez más difícil.<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> Aquí también la seme=
janza
de la Biblia con otros libros de género similar aumenta.
=
La
diferencia fundamental estaría, entonces, en el contenido de esos
libros. La Biblia
enseñaría una doctrina nueva que no se encuentra en ning&uacu=
te;n
otro libro. Es lo que piensa =
la
gran mayoría de los cristianos. Sin embargo, ¿qué es e=
sa
realidad nueva que solamente la Biblia revela? Esa pregunta viene siendo hecha de=
sde el
momento en que la Iglesia primitiva entró en contacto con el pensami=
ento
griego, cuando muchos cristianos procuraron determinar la originalidad del
cristianismo mediante conceptos sacados de la filosofía. Lo propio del cristianismo ser&iac=
ute;an
las definiciones y proposiciones que supuestamente expresan el mensaje de la
Biblia mediante conceptos abstractos.
El punto de llegada de esa historia son los dogmas: proposiciones
consagradas por la autoridad del magisterio. Lo propio del cristianismo
sería la doctrina de los dogmas.
=
Sin
embargo, hoy, la noción de dogma se torna objeto de la crítica
teológica. ¿Qué significaría el valor absoluto o
definitivo de los dogmas que tendrían la propiedad de escapar de la
evolución histórica?
¿Sería un pensamiento humano situado fuera de la histo=
ria,
fuera del espacio y del tiempo, en lo absoluto como si fuese el pensamiento=
de
Dios? ¿Cómo entender y juzgar esa doctrina?
=
Durante
siglos, la teología católica fue esencialmente un comentario =
de
los dogmas. Los dogmas surgie=
ron de
las herejías. Pero a l=
as
herejías se podía responder de diversas maneras: con pacienci=
a o
con impaciencia. Progresivame=
nte
los obispos escogieron la impaciencia. La impaciencia de ellos se sum&oacut=
e; a
la de los emperadores que estaban preocupados por la unidad formal y por la
disciplina unitaria de la religión en el imperio. Así aparecieron los dogmas =
cristológicos de los cuatro primeros Concilios
ecuménicos.
=
Hoy,
los historiadores y los observadores especializados muestran que es muy
difícil descubrir clara diferencia entre monofisitas y nestorianos.<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> Por la impaciencia de la
jerarquía, la Iglesia ortodoxa excomulgó y expulsó pri=
mero
a todo el patriarcado de Antioquía, esto=
es, a
toda la parte de lengua siríaca, abierta al Oriente. Los llamados nestorianos llegaron =
hasta
la China, pero no tuvieron apoyo del Occidente, no avanzaron más y la
Iglesia perdió la oportunidad de entrar en la China ya antes del
año 1000.
=
Después
de eso la Iglesia imperial excomulgó, con el patriarcado de
Alejandría a todo el Egipto, que era la puerta abierta para el Africa. De
ahí salió la primera Iglesia negra, la de Etiopía, que=
ya
cuenta con trece siglos de existencia, pero fue también y todav&iacu=
te;a
es considerada herética por ser monofisita. Por cuestión de palabras, la
Iglesia perdió la entrada en Africa y so=
lamente
reapareció en el siglo XV con los portugueses. Y así incluso permaneciendo=
en el
litoral hasta el siglo XIX. E=
so por
causa de dogmas. Era necesario
expresar la fe en Jesús con palabras semejantes en todas las
regiones. La unidad de las
palabras, ¿valía la separación de la mitad de la Igles=
ia,
perdiendo la posibilidad de evangelizar dos continentes?
=
En
el siglo XVI, el Concilio de Trento tornó definitiva la exclusi&oacu=
te;n
y la separación de los reformadores. Los reformadores fueron satanizado=
s y
perseguidos. Hubo 100 a&ntild=
e;os
de conflictos y la mitad de la población de Alemania fue muerta en l=
as
guerras de religión. E=
sas
guerras provocaron la modernidad secularizada: ya que la religión
provocaba la muerte de millones de personas, era preciso buscar la paz fuer=
a de
ella. Fue así que se
llegó, finalmente, al tratado de Westfalia de
1648, que reconoció la división religiosa de Europa- que hasta hoy la Iglesia Cat&oacut=
e;lica
no reconoce. Ahora bien, hoy,
luteranos y católicos están de acuerdo sobre la doctrina de la
justificación en nombre de la cual se exterminaron durante un
siglo. ¿No habrí=
;a
sido mejor tener paciencia y aceptar fórmulas diferentes hasta el
momento de reconocer que, en el fondo, todos estaban pensando la misma cosa=
?
=
En
1870, el Papa Pío IX impuso autoritariamente la definición de=
la
infalibilidad, contra la opinión de gran número de obispos, de
todos los católicos que estaban en contacto con el mundo moderno.
=
Los
dogmas sirvieron para condenar y, por consiguiente, para crear cismas,
separaciones que en la historia se revelaron muchas veces factores de guerr=
as
terribles. Al lado de eso, los
beneficios parecen bien secundarios.
=
En
ese ambiente cismático nació la convicción de que los
dogmas posibilitaban un mejor conocimiento de Jesús y de Dios que el=
de
la Biblia. La Biblia era vist=
a como
confusa, redactada en un estilo popular.&n=
bsp;
Le faltaba la precisión de los conceptos. La teología tomó por
objeto principal los dogmas y dejó la Biblia como ilustración=
de
los dogmas: allí podrían ser encontrados los argumentos que
defenderían los dogmas. Con
ese sistema, la palabra del magisterio se tornó más importante
que la palabra de la Biblia- porque el sabía lo que decía la
Biblia.
= Sin embargo, aquí hay un problema que muchos medievales temerosos delante del triunfo de la escolástica ya expresaron: buscando la claridad, ¿no se va a ocultar el misterio de Dios? ¿Dios mismo quiere que las cosas reveladas que= den más claras y mejor enunciadas conceptualmente de lo que están= en la Biblia?. ¿El estilo de la Biblia no fue justamente adoptado por Dios? ¿Dios no podía haber entregado la revelación a filósofos para que la enunciasen de modo claro, intelectual?