MIME-Version: 1.0 Content-Location: file:///C:/A502BD8E/JoseComblin.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii" ¿CUALES SON LOS DESAFIOS DE LOS TEMAS TEOLOGICOS ACTU= ALES

CUADERNOS MOVIMIENTO TAMBIEN SOMOS IGLESIA-CHILE

C= orreo: somosiglesiachile@hotmail.= com

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¿CUÁLES SON LOS DESAFÍOS DE LOS  TEMAS TEOLÓGICOS ACTUALES?

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T= eólogo P. José Comblin 

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<= span lang=3DES style=3D'font-size:11.0pt;font-family:Verdana;mso-bidi-font-famil= y:Arial'>Sótero del Río 475, oficina 203, fono-fax 696 4491, Santiago - Chile

&= iquest;CUALES  SON  LOS  DESAFIOS  DE  LOS  TEMAS  TEOLOGICOS  ACTUALES?

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<= span style=3D'mso-tab-count:8'>        &= nbsp;           &nbs= p;            &= nbsp;           &nbs= p;            &= nbsp;           &nbs= p;                   =           Por teólogo P. J= osé Comblin

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            =             &nb= sp;           =             &nb= sp;               INTRODUCCION=

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         = Como dijo el historiador Erc Ho= bsbawn: “El siglo XX fue breve”.  Comenzó en 1914 con la primera guerra mundial y terminó= ; en 1991 con el desaparecimiento de la Un= ión Soviética y el advenimiento de la única superpotencia mundial. De hecho, esta última fecha abre una é= poca nueva. Mientras que el año 2000 no fue marcado por ningún hec= ho significativo – e incluso los acontecimientos de 11 de setiembre de 2001 podrían haber sido previstos= desde 1991.  Eso nos permite decir q= ue ya tenemos unos 15 años de experiencia del siglo XXI.  Ya podemos tomar nota de algunas características que estarán presentes en este siglo reci&eacu= te;n iniciado.

 

         = Lo que de ahora en adelante condiciona todo es el nuevo imperio americano.  Antes los Estados Unidos procuraban mantener su dominio sobre la mitad del mundo, con el deber de defenderse  contra un enemigo de potencia seme= jante que dominaba la otra mitad. Ahora los Estados Unidos se atribuyen a ellos mismos la misión de dirigir el mundo entero. En la ideología imperial, la finalidad es la paz mundial, así como dijeron todos los imperios- y sobre todo el imperio romano, con el cual los americanos de hoy gustan identificarse.  Ese imp= erio es militar y político en primer lugar, pero el garantiza tambi&eacut= e;n la globalización de la economía- o sea, su integración= en la economía americana.  Además de eso, los Estados Unidos dominan la cultura mundial y consiguen cambiar costumbres y tradiciones locales, implantando en todas pa= rtes su modo de vivir.  Nació= ; un pensamiento único, un modo de vivir único, un sistema de valo= res único.  Quien no se ada= pta queda fuera de la red de comunicación mundial.  Su nombre es ignorado.<= /span>

 

         = El imperio americano promueve, en el mundo entero, una cultura de individualis= mo radical.  Practica el neoliberalismo, que hace del ser humano una mercadería.  El mundo es visto como un gran mer= cado en que todos los seres humanos, como compradores o vendedores están = en una competición constante.  En esa competición hay vencedores y vencidos.  El grupo de los vencedores es el compuesto por las grandes multinacionales- en su mayoría americanas-= , y el de los vencidos son  los países débiles y los sectores débiles de los paí= ;ses ricos.

 

         = Eso ya está relacionado con la teología: el reino del dinero no es algo insignificante para un cristiano-&nbs= p; Además de eso el imperio mundial se muestra como representante oficial y como misionero del cristianismo.=   El tiene una ideología con base religiosa.  El imperio es cristiano, fan&aacut= e;ticamente cristiano, porque dirigido por una nueva clase que domina actualmente el partido republicano, la llamada nueva derecha.  Eso también interesa a la teología.

 

         = Ocurre que el triunfo americano vació las otras ideologías y cuestionó las otras religiones- también los sectores del cristianismo que no se reconocen en el mesianismo norte-americano. En el mu= ndo occidental las filosofías dominantes de la posm= odernidad son las filosofías que predican el abandono de las grandes causas de= la humanidad, el retorno a la casa, a un  ideal pequeño-burgués, con un pensamiento “lightR= 21; que se contenta con los pequeños placeres de la vida.  El mundo pertenece al imperio, y l= os filósofos ofrecen recetas para quien busca consuelo.  La posmoderni= dad es un fenómeno europeo.  Hay una toma de conciencia de que Europa perdió el liderazgo de la cultu= ra occidental y de que ahora todo procede de los Estados Unidos.

 

         = La teología dominante, la del imperio, es la teología de la prosperidad.  Ella garantiza q= ue Dios dará la prosperidad a todos los que adhieren al sistema.  Dios resuelve todos los problemas individuales; por consiguiente, no hay más problemas sociales. Como decía Margareth Tha= tcher: “la sociedad no existe, solamente existen individuos”.  Si la sociedad no existe, necesita= mos solo una religión para el individuo.  Esa teología es difundida p= or decenas de millones de predicadores y misioneros pente= costales en todo el mundo. Todo quedó muy simple: Jesús salva, Jesús resuelve, Jesús perdona, Jesús da paz y felicida= d a todos.  Basta querer, basta aceptar… y hacer un depósito en la cuenta bancaria del misione= ro.

 

         =  El imperio es un tema teológ= ico de por sí, y merece serias reflexiones- aunque en la actualidad pocos se interesen por él, siendo ese el caso del Departamento Ecuméni= co de Investigaciones (DEI) de Costa Rica.&nb= sp; Los teólogos vienen siguiendo el movimiento de la sociedad global.  Delante del triunfo aplastante del sistema, quedaron intimidados.  En ese sentido las Iglesias hoy están mudas- convencidas de que no se saca nada con hablar, toda vez= que ¡“ellos” son demasiado fuertes!

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        =      El imperio está en la raíz de otro desafío: el = de las grandes religiones mundiales. El imperio tiende a la globalizació= ;n y aproxima a los pueblos.  El lo= hace a su manera: domina el mundo en nombre del Dios de los cristianos.  El es la imagen histórica d= el cristianismo en medio del mundo. Lo que los Estados Unidos hacen, es hecho = en nombre de la religión cristiana.&nb= sp; Eso sitúa de manera muy específica las relaciones entre las religiones del mundo.  El cristianismo es la religión del dominador, y las otras son religione= s de los dominados.  Es en ese cont= exto que debemos pensar las relaciones entre&nb= sp; religiones.  Dentro del imperio no podemos permanecer neutros porque ya estamos en un lugar determinado. Ya fuimos identificados.  Podemos aceptar esa identificación o dar señales claras  de que no solidarizamo= s con ella.  Necesitamos definirnos = en términos claros, de tal modo que nuestra posición sea visible.  Debemos definir nues= tras relaciones dentro del imperio mundial.&nbs= p; No estamos encima del imperio o distantes de él, como un part= ido imparcial.  Estamos dentro. ¿No se tiene la impresión de que las Iglesias hayan cortado t= odo lazo de dependencia del imperio?

 

         = ¿Cómo se hará el encuentro con las grandes religiones del mundo con las cu= ales se identifican las grandes masas humanas?&= nbsp; Si hoy las Iglesias quieren evangelizar, no pueden evitar el diálogo con la grandes religiones- como s= e hizo desde el siglo XVII, cuando Roma cortó las relaciones con las religi= ones de la China y de la India, condenando a los jesuitas que se habían lanzado a la misión. = Fue la primera gran chance de evangelización perdida por causa del fetichismo de los dogmas. En aquella época, la burocracia vaticana fue más fuerte que el impulso de los misioneros.= Y esa no fue la última vez.

 

         = En el presente, el problema está nuevamente puesto en condiciones que no fueron definidas por nosotros, sino por el imperio de los Estados Unidos.  A los ojos de los otros, estamos d= el lado de los dominadores hasta que nos manifestemos claramente en el sentido contrario.  Entre los dominado= res y los dominados no podemos permanecer neutros, como si no tuviésemos n= ada que ver con eso.  Estamos en el centro del drama.  Quien no qu= iere escoger, ya escogió.

 

         = Delante de esa situación hay dos posiciones posibles.  O creemos que,  el camino de la evangelizaci&oacut= e;n del mundo pasa por el imperio americano, así como pasó por el imperio romano, por el imperio de Carlo Magno, = por el imperio germánico y por el imperio español en América.=

 

        =     Sería, de cierto modo, ser fiel a una larga tradición histórica.  Es bien pos= ible que el imperio americano consiga cierta penetración cristiana en los países asiáticos o africanos mediante una penetración = de sus misiones de tipo neo-pentecostal.  Esto no puede ser descartado.=

 

         = Los métodos del marketing mostraron su eficiencia en muchas áreas= del comercio y de la cultura.  Y, = al final, el cristianismo es la religión de mayor potencia que jam&aacu= te;s existió en la tierra, y muchos pueden quedar fascinados por la fuerza del imperio, procurando también asimilar alguna cosa de esa fuerza.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  Por otra parte, las minorías cristianas de la India, de la China y del Sudeste de Asia provienen, en gran parte, del prestigio de Portugal (Goa), de Inglaterra (India) y de Francia (Indochina).=   Ese prestigio desapareció c= asi completamente, pero las islas cristianas ya están suficientemente implantadas para permanecer y subsistir por sí mismas.

 

         = Hoy la cuestión adquirió nueva urgencia: el imperio dispone de me= dios infinitamente superiores a los de los imperios del pasado. ¿Es descabellado que movimientos misioneros esperen que la evangelizació= n de las grandes religiones se haga por su vaciamiento y  por la conversión masiva pa= ra el cristianismo en sus diversas variedades gracias a la fuerza del imperio?  Sin embargo, incluso si fuese posib= le realizar la cristianización de los pueblos asiáticos por medi= o de la fuerza material y cultural del imperio, ¿podemos moralmente acept= ar ese camino- una vez que la experiencia de los últimos siglos nos abrió los ojos?  Sabemo= s como se hizo la cristianización de los pueblos en el pasado de la cristiandad.  ¿Podemos simplemente ignorar toda esa experiencia y pensar que el imperio actual es más cristiano que los anteriores?&n= bsp; La metodología estaría basada en el marketing.  ¿Podemos practicar un simple marketing contando con las fuerzas del mercado para conquistar las almas de los pueblos?  Bien sabemos que en = el clero no faltará quien haga la apuesta de cerrar los ojos sobre los aspectos un poco desagradables del = marketing con la esperanza de ganar la batalla y de hacer del cristianismo la religión mundial, y de la Iglesia Católica la orientadora de ese cristianismo mundial.

 

         = Podemos hasta imaginar que esa estrategia tenga éxito y que el mundo se torne cristiano por métodos de marketing.=   Pero, ¿qué tipo de cristianismo será difundido?  ¿Todav&iacu= te;a tendría algo de común con el evangelio de Jesucristo?

 

         = Si no creemos en la evangelización por el imperio americano (con todos = sus apéndices), entonces somos convidados a buscar el diálogo.  Pero eso no es fácil, porqu= e los prejuicios son fuertes.  Neces= itamos deshacer la fama del orgullo, de la agresividad y de la dominación q= ue nos preceden en el mundo.  Necesitamos comprobar que desistimos de la conquista.  A partir de ese cambio de actitud,= con distanciamiento claro de toda la fuerza militar, política, económica y cultural del imperio, podremos iniciar el diálogo- prácticamente todavía no hincado.  El diálogo con las religion= es del mundo es el contexto global en que se colocan hoy todas las cuestiones.  La referencia a ese diálogo= es una exigencia en todas las cuestiones teológicas.<= /p>

 

         = El tema teológico actual nos fue impuesto por el imperio.  El imperio nos incorporó en= un sistema dominador. Necesitamos definirnos y definir el camino de la evangelización que queremos: ¿con las armas del imperio, o po= r el diálogo con las religiones del mundo?

 

 

        =              =             &nb= sp;             LOS   POBRES

 

        =             &nb= sp;            =             &nb= sp;            =             &nb= sp;            =             &nb= sp;       

CAPITULO  1           =     

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Es un desafío colocar a los pobres como objeto del primer capítulo.  Estamos en un tiempo en que se proclama  que= la teología de la liberación murió, que las comunidades de base agonizan y que la pobreza dejó de interesar a la teología.  La Iglesia r= omana eliminó a los pobres de la consideración de la teologí= a y de la Iglesia en el documento final del Sínodo para América, = en 1997.  Roma extinguió l= o que los obispos latino-americanos habían dicho sobre los pobres. Los pob= res vuelven a ser receptores de limosnas y objeto de asist= encialismo.  No se ve la necesidad de que la teología se ocupe de esa realidad.

 

         = Ese rechazo de los pobres del campo de la teología oficial encuentra un terreno muy favorable en la cultura occidental contemporánea. En Eur= opa, la filosofía afinada con la mentalidad pos-moderna triunfa hace más de 30 años, procediendo de una inmensa desilusión = en relación a la modernidad en general y al marxismo y al socialismo en particular.  Desde 1973- con la crisis del petróleo que interrumpió el crecimiento económico- los acontecimientos vinieron a profundizar cada vez más la desilusión. Una vez interrumpido el crecimiento, los europeos comenzaron a dudar que el desarrollo de tipo moderno pudiese realm= ente responder a las esperanzas que despertó desde el siglo XVIII.  Por primera vez las masas europeas comenzaron a dudar del rumbo adoptado por su sociedad- lo que no acontece en los Estados Unidos, que ostentan el sentimiento de triunfo.

 

         = El socialismo se vació.  Apareció un socialismo- del tipo Tony Blair, G.Schröder, F= elipe González, François Mitterand- vacío de contenido y convertido al neoliberalismo. Con la decadencia= de la social democracia y el vaciamiento de la democracia cristiana, cuya señal fue la disolución de ese partido en Italia, los militan= tes perdieron la esperanza en la política.  Cada nuevo paso confirma la convicción de que nada de nuevo se puede esperar.  La historia terminó, las ideologías murieron, los compromisos fueron dejados para después.  Nadie cree más en nada consistente.  La filosofía pos-moderna encuentra el terreno ideal en esa mentalidad.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  Es el fin de las grandes narracion= es y de las grandes filosofías de la historia- y, naturalmente, también el fin del marxismo.

 

         = En Roma, el Papa Juan Pablo II creía que la crisis de la modernidad sería el momento de la vuelta a la cristiandad histórica.  Desilusionados de la modernidad, l= os europeos volverían a su antigua herencia.  Si Juan Pablo II pensaba así= ;- lo que se transparentó en varios discursos en el inicio de su pontificado-se desilusionó fuertemente.  Nadie volvió de la modernid= ad al cristianismo católico o protestante.  Por el contrario, el cristianismo = fue considerado como una ideología moribunda, como una gran narraci&oacu= te;n sin fundamento en la realidad- y con la desventaja de ser muy anticuada.  La pos-modernidad no fue útil al cristianismo.  Pero, desde el siglo XVIII, Roma c= ree que la modernidad va a morir  = y que el mundo, desilusionado, volverá al cristianismo.  Toda la estrategia católica= fue fundada en esa convicción.  Y ahora podemos constatar que tal estrategia de la curia romana- desde el sig= lo XVIII- fracasó. Sólo no ve eso quien no lo quiere ver. La der= rota de la diplomacia vaticana en la asamblea europea, cuando fue adoptada la Constitución de Europa, fue el golpe final.  Durante años la diplomacia vaticana luchó para que se realizase la ambición del Papa: que Europa reconociese sus raíces cristianas.  Eso fue negado.  Habría llegado la hora de h= acer una evaluación.  Por ah= ora, mientras tanto, eso no será hecho.

 

         = Actualmente, se defiende el fin de las utopías.&= nbsp; El pensamiento se torna “lightR= 21;.  El individualismo reina, ya que no= hay más grandes proyectos comunitarios. Cada cual busca su mayor confort.  El confort es el val= or supremo buscado por la juventud.  Sin riesgo, sin aventura, sin compromiso, sin responsabilidad, el mu= ndo funciona por funcionar, y nada más.=   ¡Es el ideal pequeño burgués glorificado!

 

         = Hace aproximadamente 30 años Europa todavía significaba algo para = las elites latino-americanas- especialmente para las izquierdas, que creí= ;an que podían encontrar apoyo en el socialismo de allá. Ahora to= do acabó.  Europa se volvió un lugar de turismo para la izquierda y para la derecha.  Entretanto, hace algunos añ= os, la pos-modernidad entró también en las c= lases intelectuales y tuvo repercusiones, aunque muchos no supiesen de donde venían esas ideas pos-modernas.&nbs= p; Buena parte de la burguesía entró en la pos-modernidad.  Basta ver lo = que acontece en las universidades: ¿qué quieren los millones de e= studiantes que preparan ahí el mundo del mañana?  Quieren resolver su problema perso= nal. Buscar el mejor lugar posible en esta sociedad individualista.  No hay más ni proyecto, ni ideología, ni compromiso.  Están solitarios, bien lejos de los sueños alimentados= por los estudiantes de los años 60 ó 70.

 

         = La pos-modernidad sirvió para aumentar todav&ia= cute;a más la desilusión latino-americana- que se inició el 1= 1 de septiembre de 1973, en Chile.  Fue como un relámpago.  De repente pareció como que el mundo había cambiado y que las esperanzas cayeron por tierra. Después de ese golpe, las esperanzas buscaron descubrir nuevas bases, pero nunca más fue como antes de aq= uel 11 de septiembre-  para América Latina esa fecha representó lo que para los Estados Unidos acontecería 28 años después.  Aquel 11 de septiembre fue para América Latina el inicio del siglo XXI, el fin de su independencia, = su entrada en aquello que debía ser, en el final del siglo, un imperio mundial.  Más tarde hub= o una renovación de las esperanzas en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  Pero tales esperanzas se tradujero= n en nuevas y profundas desilusiones.  Ese fue el caso, por ejemplo, de la forma como fueron redemocratizados Chile y Brasil, donde el socialismo latino-americano se alineó con el socialismo europeo.  Cada día queda más c= laro que se está perdiendo la oportunidad de cambio en la sociedad.  No es necesario recordar las inmen= sas desilusiones en Ecuador, en Perú, en Bolivia, en Paraguay, e incluso= en México- con la interrogante sin respuesta de Chiapas.

 

         = En medio de todo ese desánimo, las propagandas oficiales van repitiendo= que el modelo neoliberal será la salvación y resolverá los problemas de la pobreza.  Bast= a solo un poco de paciencia para alcanzar el desarrollo milagroso- que los dirigen= tes suponen acreditar. Claro que no hay cómo creer en eso.  América Latina continuar&aa= cute; trabajando para pagar los intereses de la deuda, sin emprender las debidas transformaciones profundas de la economía y de la sociedad, bajo la conducción de Estados impotentes.

 

         = En tal situación, se podría esperar que la Iglesia afirmase su esperanza, la necesidad de renovar la utopía, de desenmascarar el pensamiento único y la mentira diaria de las TV, de los gobiernos, de las autoridades de todo tipo – que dejaron de creer y por eso se entregaron al imperio.  Desgraciadamente no es eso lo que acontece.  Quien todavía levanta la vo= z son los viejos representantes del pasado, pero la generación que dirige actualmente la Iglesia abandonó a los pobres y se contenta con acept= ar las mentiras de la ideología oficial.&n= bsp; Entró en el sistema, procurando practicar su juego: adquirir poder y dinero para competir.

 

Mientras tanto, los pobres están ahí.=   Se multiplicaron desde que se implantó el sistema neoliberal, casi sin resistencia, por una traición de las elites que no hacen si= no renovar la vergüenza del sistema colonial.  Los pobres están ahí= , no pudiendo ser escondidos- a pesar de  muchas tentativas en ese sentido.&n= bsp; Son demasiados. Están ahí y existen. Ya no podemos esconder esa realidad.  Sabemo= s que, en el evangelio, para Jesús, esa existencia es el pecado bási= co de la humanidad. No es fatalidad, mala suerte, necesidad natural.  La pobreza de los pobres est&aacut= e; directamente ligada a la riqueza de los otros que no quieren compartir.

 

         = El sistema quiere negar el problema al proclamar que el sistema neoliberal va a resolver la cuestión y hacer desaparecer la pobreza.  El sistema funciona y las elites dirigentes del mundo, de las multinacionales, de los conjuntos financieros,= de los grandes manipuladores de la especulación están felices. H= ay mucha gente feliz hoy, queriendo que el sistema continúe y disponien= do de todos los poderes para que pueda continuar. Esas personas ganan mucho dinero, creen que la economía va bien y que, gracias al crecimiento,= van a ganar todavía más dinero.

 

         = Pero los pobres están ahí.  Las cuestiones fundamentales para las Iglesias continúan sien= do éstas: ¿existen o no existen los pobres?  El sistema, ¿está resolviendo el problema de la pobreza? No se trata solamente de la pobreza material, sino de la pobreza social, intelectual y humana. Se trata del problema del nacimiento de un mundo excluido condenado a no ser nunca nada- personas que son inútiles para la sociedad, por no integrarse en el sistema. Son los “inempleables”, qu= e no tienen el mínimo de condiciones humanas para ejercer una funci&oacut= e;n en la sociedad.

 

         = Por eso, la cuestión teológica primordial, previa a cualquier exposición, es: ¿vamos a hablar de la pobreza, o vamos a silenciarla como siendo un no- problema teológico? Cualquier publicación teológica da una respuesta explícita o implícita a esa cuestión.&nb= sp; A partir de eso ya se sabe el desarrollo de todo el contenido.<= /o:p>

 

         = Cualquiera que sea el nombre que se le pueda dar, la teología debe colocar en primer lugar esa cuestión previa.&n= bsp; Si, como lo haremos aquí, optamos por la existencia de los pobres, podemos pasar a la cuestión siguiente: ¿por qué= ; en la actualidad las Iglesias, en sus instituciones y en sus representantes, no gritan?  Los que no tienen voz, tienen menos influencia hoy que hace 30 años. La Iglesia, ¿será la no voz de los que no tienen voz?  A pesar del silencio de la institución, los pobres deben ser el primer tema de la teologí= ;a.

 

         = La cuestión de la pobreza es básica para el tema siguiente, que = es el más comentado hoy: en el encuentro de las religiones, ¿qué significa el cristianismo?  ¿Cuál es el mensaje = del cristianismo en medio de las otras religiones? ¿En qué el cristianismo se distingue de los otros?&nb= sp; Las respuestas van a depender de la cuestión de los pobres.

 

 

        =          EL PLURALISMO  DE  LAS  RELIGIONES

 

 

CAPITULO  2

 

         = Los  apóstoles fueron enviados p= ara anunciar la buena nueva a todos los pueblos, cualquiera que fuese su religión.  ¿Qu&e= acute; significa exactamente eso hoy? La inmensa mayoría de los seres human= os pertenece a una de las grandes religiones mundiales.  Pero esos billones de seres humano= s, ¿se identifican con la práctica del anuncio de la buena nueva= que les es hecha?  Finalmente, ¿qué es la buena nueva en un lenguaje que esos pueblos puedan entender?

 

  &nb= sp;      Los “misionólogos” contemporáneos ya demostraron que repetir hoy lo que fue dicho y hec= ho durante 16 siglos sería como mínimo obsoleto, perjudicial, y provocaría una reacción de rechazo.  Todo lo que fue dicho y hecho dura= nte 16 siglos estaba basado en la superioridad militar, política, económica y cultural del Occidente (y del Oriente bizantino y ruso).  ¿Cómo de= bemos observar a las otras religiones sin contar con una posición de superioridad material o cultural? &nb= sp; Aquí nos aproximamos a otro tema básico: el poder.  ¿Cómo evangelizar sin superioridad de poder?

 

  &nb= sp;      La alternativa sería integrar la misión en el imperio americano, como fue hecho en el pasado con los antiguos imperios.  ¿Sería moralmente po= sible hacer eso hoy?

 

  &nb= sp;      La doctrina católica tradicional era de una arrogancia objetiva cruel.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  Enseñaba que solamente se salvarían los que perteneciesen a la Iglesia Católica y se sometiesen a ella, y que todos los otros serían condenados al infier= no eterno.  ¿Cómo f= ue posible ser tan arrogante?  Er= a la arrogancia el poder. Fue solamente en el siglo XX que algunos teólog= os y autores espirituales buscaron algunas salidas para salvar, por lo menos en parte, esa inmensa masa humana.  Se dice que San Francisco Javier tenía insomnios pensando en la condenación eterna de la multitud de paganos que había en la India. ¿Debemos pensar que los teólogos y los obispos que habían deformado de esa manera la cabeza de Francisco Javier estaban desprovistos de sensibilidad humana?  Habrá que pensar que San Francisco Javier tuvo su mente defor= mada por la teología que aprendió.  La base de todo era el poder.  Él era representante de un inmenso poder espiritual fundado en el poder material de la cristiandad.  La voluntad de poder torna ciegas = a las personas- sobre todo si lo que se busca es el poder de una institució= ;n..  Si esa institución tiene conciencia de ser divina, todo le es permitido.  Las personas pueden tener una conc= iencia individual muy humilde y ser arrogantes en su comportamiento social. En nom= bre de Dios todo es permitido, todos los abusos son legitimados.  La historia de las misiones regist= ra haber sido eso lo que ocurrió en el encuentro con las otras religion= es- con la cobertura de los imperios.

 

  &nb= sp;      Los doce franciscanos de la provincia de Extremadura que ll= egaron a México para evangelizar la Nueva España, creyeron que lo más urgente era bautizar para que esos paganos por lo menos se salva= sen. Si no fuesen bautizados se irían al infierno.  Creían que la evangelización vendría después, mas era urgente bautiz= ar. Bautizaron con las propias manos a más de 4 millones de indígenas.  No importab= a si no había tiempo para explicarles lo que era el bautismo.  Lo importante era salvar las almas= del infierno. Para los misioneros del pasado, bautizar siempre fue más importante que evangelizar.  Y evangelizar era enseñar el catecismo. 

 

  &nb= sp;      Estaba implicado en eso que las religiones de los paganos no los ayudarían = en nada para salvarse.  Por el contrario la doctrina afirmaba que las religiones paganas eran obra del dem= onio para confundir a los seres humanos.  Incluso cuando ellas decían cosas muy semejantes al cristiani= smo, era para engañar mejor y para seducir a los pobres paganos.  Fue ese el modo como los francisca= nos procuraron explicar a los jefes religiosos de la Nueva España que los cristianos eran portadores de la verdad, y los otros no.  Y eso porque los franciscanos todavía respetaban a los sacerdotes nativos que los escuchaban.  En el siglo XVII, las religiones d= e los indígenas fueron sistemáticamente destru= ídas en todas sus expresiones y sus fieles fueron cruelmente perseguidos.  Todo en nombre de Dios, con la may= or humildad.

 

  &nb= sp;      En el siglo XX, comenzó un nuevo recorrido.  Algunos hallaron demasiado cruel la condenación de la inmensa mayoría de la humanidad al infierno. Buscaron maneras de salvar por lo menos una parte de esa humanidad.  Comenzaron por el lado de la conciencia.  Los paganos podían no ser subjetivamente culpables de todas las falsedades que aceptaban. Aunque sumergidos en el error, podían salvarse por la conciencia errónea, concepto aceptado en la teología moral.

 

  &nb= sp;      Un paso siguiente fue reconocer que los paganos podían realizar obra buenas- obras de caridad-, que podrían merecerles la salvación si objetivamente no tenían posibilida= des de conocer el cristianismo y por eso no lo negaban.  En esa concepción, los paga= nos podían salvarse a pesar de su religión; esta era todaví= ;a concebida como totalmente errónea. Quien se convertía al cristianismo debía abjurar solemnemente y condenar todo lo que había en su religión anterior.

 

  &nb= sp;      Cuando se produjo la descolonización, o sea, la ruina de los imperios en los que se apoyaban los misioneros, se tornó difícil enseñ= ar todavía la idea de la superioridad intelectual y moral del hombre bl= anco y, por consiguiente, la idea de la inferioridad mental o moral de las otras religiones.  Ya no era posible mantener la condenación de esas religiones como siendo obras del demonio.  Era preciso rever la relación entre el cristianismo y las propias religiones, y no solame= nte con las personas que pertenecían a ellas.  Esas religiones, ¿no podían tener elementos positivos?&n= bsp; Y si ellas tuviesen elementos positivos ¿no podrían también contribuir a la salvación de sus miembros?=

 

  &nb= sp;      Así llegamos al problema del pluralismo de las religiones, uno de los objetos centrales de la reflexión teológica de hoy.  Si las religiones del mundo pueden= tener un papel positivo en la salvación de sus miembros, debemos preguntar= nos: ¿de dónde les viene esa capacidad?  ¿De dónde viene su p= oder de salvar?.&nbs= p; Eso nos lleva todavía a otra cuestión: ¿no será porque recibieron también una forma de revelación= de Dios?  ¿No habría también un don de Dios en ese poder y salvación?

 

  &nb= sp;      De esa forma llegamos a la revisión del concepto de revelación.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  La revelación no es don exc= lusivo del cristianismo. Ahora bien, si todas las religiones recibieron algo de la revelación, puede haber diálogo y comunicación mutua e= ntre ellas.  Todas pueden aprender = la parte de verdad que les fue revelada.  Esas son cuestiones levantadas por el pluralismo de las religiones.<= o:p>

 

  &nb= sp;      Por su lado, la misión genera una relación entre el misionero y s= us interlocutores.  Durante siglo= s la relación era entre un misionero, que sabía toda la verdad y enseñaba esa verdad, y otra persona, que era ignorante.  Se establecía así, u= na relación entre todo y nada.

 

  &nb= sp;      Ahora, ese tipo de relación queda cuestionado.  Volviendo a los orígenes, se llega a la conciencia de que la misión no puede ser de conquista, ni abierta, ni subrepticia.  Ella= no puede ser una imposición, tampoco una imposición disfrazada p= or la superioridad intelectual del misionero. Hoy, la doctrina misionológica profesa que la misión se realiza en el diálogo.  Un diálogo supone el encuen= tro entre dos personas iguales, que por lo menos se sitúan en nivel de igualdad.  No hay diálo= go posible entre superior e inferior.  Si uno de ellos sabe todo y el otro nada, no hay diálogo, sino clase; estamos en una escuela, y la relación es de maestro y alumno,= lo que es relación de desigualdad. El diálogo supone que los dos reconocen que pueden aprender algo del otro.  Si el cristianismo sabe todo y no = puede aprender nada, no habrá diálogo posible. Debemos reconocer que hay en otras religiones elementos que nosotros no tenemos y que podemos aprender.  No se puede saber de antemano lo que es, porque para eso existe justamente el diálogo.

 

  &nb= sp;      ¿Nosotros podemos aprender de las otras religiones?&= nbsp; Ciertamente, pues la verdad cristiana es Jesucristo.  ¿Podemos afirmar que conoce= mos y entendemos todo sobre Jesús?.  Otros, a partir de otras religione= s, ¿no pueden percibir cosas que nosotros no percibimos? Es bueno recor= dar que nuestra cultura, como las demás, es limitada; y nuestra religión depende de nuestra cultura.

 

  &nb= sp;      No vamos a anunciar la Buena Nueva como algo que excluye o destruye todo lo que los seres humanos sabían antes.&nbs= p; La Buena Nueva viene al final del edificio del saber. Jesús no dijo que los judíos debían olvidar todo el Antiguo Testamento= , a pesar de los errores que contenía.&= nbsp; Preservó el Antiguo Testamento y presentó la Buena Nue= va como el estado más perfecto y acabado de la fe que ya tenían.  Podemos hacer = la misma operación con los escritos de las otras religiones.  No es preciso destruirlas, sino presentar la Buena Nueva como lo que completa y perfecciona lo que ya sabían. No deben renunciar a lo que ya sabían, sino recibir u= na confirmación y una profundización.  Un ejemplo de eso ya tuvimos con la filosofía griega, pero todavía falta experimentar eso con una= de las grandes religiones mundiales.  Puede ser que el budismo sea el mejor candidato en este momento.

 

  &nb= sp;     

  &nb= sp;      Los cristianos de los tiempos de la cristiandad eran extremadamente pesimistas sobre la naturaleza humana, y San Agustín solamente aumentó y justificó ese pesimismo. Era como si todo en la humanidad fuese peca= do, salvo algunas excepciones que Dios consigue salvar.  Jesús no se refleja en ese pesimismo.  A la luz de los evangelios, podemos visualizar a la humanidad con más optimismo, así como el Espíritu lo enseñó a Pedro.  No debemos pedir que la conversión sea una renuncia a todo lo pasado, incluso lo espiritual.  Un filósofo griego que se hacía cristiano no debía renunciar a su filosofía, mas encontraba en el cristianismo la plenitud de su filosofía.

 

  &nb= sp;      Creemos que todos los seres humanos pueden encontrar en el evangelio una buena nueva que los libere. No podemos fijar los contornos de antemano, menos todavía mostrar a otros el camino que deben seguir, porque Dios mues= tra eso a cada uno de ellos y a sus conjuntos religiosos y culturales.

 

  &nb= sp;      La teología del pluralismo religioso obliga a los cristianos a volverse sobre sí mismos para descubrir lo que es el cristianismo, en qu&eacu= te; consiste la Buena Nueva, qué es lo que Dios quiso decir a la humanid= ad, dejando de lado todos los elementos de religión que fueron agregados durante los siglos.  Estos tie= nen su valor, por lo menos en cierta tradición religiosa, pero no son el mensaje que es preciso anunciar a los otros que son ajenos a nuestra tradición cultural y religiosa.

 

  &nb= sp;      La búsqueda del núcleo central del cristianismo- o, como se decía en el siglo XIX, de la “esencia” del cristianismo-= no puede ser hecha por cristianos aislados del mundo.  Este es un trabajo que se hace en diálogo.  En diá= logo con otros, descubrimos muchos elementos que pensábamos básico= s y necesarios, y que no pertenecen necesariamente al evangelio.  Ellos mismos proporcionan mé= ;todos y conceptos que nos permiten hacer el análisis crítico de nue= stro propio mensaje.  De esa manera, ellos mismos contribuyen a su evangelización, porque van ayudando a = descubrir el sentido del anuncio de Jesucristo.

 

  &nb= sp;      Durante siglos, se pensó que la tarea de la teología consistía= en potencializar la doctrina, introduciendo en ella todo= s los conocimientos humanos. De la Summa Theologica muchos querían hacer una enciclopedia o síntesis universal de las ciencias. La neo-escolástica ya había aumentado mucho el volumen de la doctrina.  Cuando aparecieron = las ciencias humanas de la sociedad moderna, creyeron que era necesario incluir todo en la teología.  Pío XII creía que debía tratar de todos los asu= ntos y que la Iglesia debía dar su opinión sobre todas las materias.  Con el crecimiento notable de la administración de la curia, esa tendencia ganó fuerza, y la Iglesia pasó a hablar sobre todo- siempre con el sentimiento de decir la verdad que los otros no saben, o de decir más perfectamente que los otros lo que ellos pensaban.  La Iglesia se atribuyó la función de decir la palabra final sobre todos los asuntos. Suponen q= ue el prestigio de la Iglesia está en eso y que hay personas que van a convertirse gracias a la vastedad de la doctrina.

 

  &nb= sp;      Tenemos pocas experiencias de misión en diálogo con las religiones, porque lo que más determinó la historia del cristianismo en el imperio romano fue el diálogo con los filósofos griegos.  Casi nada sabemos de lo que aconteció con los cristianos en el imperio persa.  Ya que estos cristianos eran trata= dos como espías del imperio romano, no tuvieron mucha oportunidad de desarrollo. Era preciso examinar más atentamente lo que aconteci&oac= ute; en la Iglesia de Etiopía, ya que es la única que nos llega de= los primeros siglos. Y procurar juntar una documentación sobre la experiencia de evangelización sin conquista.  Ver, por ejemplo, como en Corea el cristianismo y las religiones locales reaccionaron una sobre la otra.<= /o:p>

 

  &nb= sp;      La experiencia de los filósofos cristianos fue una experiencia de elites sociales e intelectuales.  Lo = que conocemos menos es el contacto y la comunicación entre el cristianis= mo y las otras religiones entre los pobres.

 

  &nb= sp;      De cualquier manera, sabemos que, de ahora en adelante, el progreso de la teología consiste en disminuir en lugar de aumentar, en buscar lo qu= e es fundamental, buscando mirar a Jesús independientemente de toda la tradición ulterior- al contrario de lo que se hizo en la cristiandad, que era conocer a Jesús por medio de la tradición cultural en= que se presentaba.  Otras cuestion= es permanecen abiertas: ¿fue Dios quien quiso la pluralidad de las religiones?  ¿Esa plura= lidad está destinada a perseverar para siempre?  ¿De qué manera podem= os imaginar el relacionamiento entre cada religión y la misión cristiana? ¿<= /span>Tal relacionamiento apuntaría a subrayar asp= ectos homogéneos o cada religión tendría un destino diferent= e.

 

 

 

        =             &nb= sp;            =             &nb= sp;            =               REVELACIÓ= N

 

CAPÍTULO 3

 

 

  &nbs= p;      La doctrina tradicional es muy clara.  Hay una revelación natural que se manifiesta en los conocimie= ntos humanos sobre Dios.  Y hay una revelación sobrenatural en la cual Dios interviene directamente por intermedio de personas escogidas para trasmitir a los seres humanos lo que quiere comunicar.  Hay solamen= te una revelación sobrenatural que es la revelación hecha a los auto= res del Antiguo y del Nuevo Testamento, los cuales prepararon, presentaron o explicaron la revelación hecha por Jesús.  En las otras religiones todo proce= de del conocimiento natural de los pueblos.  No habría intervenciones de Dios que pudiesen ser comparables= con las revelaciones del Antiguo o del Nuevo Testamento.  Eso es lo que afirma la doctrina tradicional.

 

         = Sin embargo, en la actualidad surgió una serie de hechos que cuestiona la doctrina tradicional.  En prim= er lugar, en los últimos dos siglos los estudios bíblicos cambia= ron bastante la idea que se hacía de la Biblia.  Tales estudios destacaron, cada vez más, la parte humana de la Biblia.&= nbsp; Ya no hay como sustentar que todas las palabras en ella escritas fue= ron inspiradas directamente por Dios.  También no hay cómo defender que todos los pensamientos que están ahí expresados sean pensamientos de Dios.  Los libros ahí reunidos son= el resultado de una larga historia en que interfirieron mu= cha personas, diversos factores y varias culturas.

 

         = Si los libros religiosos de los otros pueblos expresan toda una cultura y son = el resultado de toda una historia, en eso no son diferentes de la Biblia porque aconteció la misma cosa con ella.&n= bsp; Ya no podemos pensar que Dios dictó los textos bíblicos tales cuales están escritos- como todavía hoy hay musulmanes = que dicen eso del Corán.  L= os libros traen la marca de diversas épocas, diversos autores y diversas fases en la vida del autor.  L= os estudios destacaron todo lo que se debe a la cultura, al estilo personal, a= las circunstancia de la época.  Hay una diversidad literaria muy grande que sólo se puede atribuir a Dios suponiendo que el usó estilos diferentes para hacer pensar a los lectores que hubo muchos autores cuando hubo uno solo. Eso sólo sería posible si viniese de un Dios muy bromista.

 

         = Además de eso, hay una evolución en las doctrinas bíblicas.  La Biblia comienza con una forma de politeísmo y termina con el monoteísmo.  ¿Dios sería autor de= las dos concepciones?  ¿No = se debe suponer una gran autonomía de los autores, ya que sus escritos defienden conceptos desmentidos por fases ulteriores de la evolución= de la Biblia?  No es aquí = el caso de exponer la teología bíblica actual, pero es út= il mencionar que la parte humana de la redacción aparece cada vez más claramente. Es cada vez más difícil situar donde se halla la intervención de Dios en la Biblia.  Ese libro divino es también= muy humano y, por consiguiente, no radicalmente diferente de otros libros religiosos.  Con eso, podríamos caminar hacia dos direcciones diferentes: hacia una concepción que diría que todo es revelación o hacia una concepción que diría que nada es revelación.  Una teología de la secularización estaría mas atraída por el segundo camino.  En el diálogo con las religiones podríamos ser atraídos por la primera concepción.

 

         = En segundo lugar, está el problema de la historicidad.  En todas las religiones, los escri= tores que escribieron sobre la vida de los fundadores atribuyen maravillas a sus héroes.  En el caso de = los fundadores, los historiadores concluyen habitualmente que todo eso es manifestación del inicio del culto que comienza a dirigirse al funda= dor y que los milagros a él atribuidos son frutos del entusiasmo religioso.  En el caso de Jesús los exegetas católicos retroceden y pretenden defender = la historicidad de hechos muy semejantes.&nbs= p; La crítica histórica para, cuando se trata de la Biblia.  Mejor dicho: ella par= aba, porque en la actualidad los exegetas entran cada vez más en el camino crítico en lo que dice respecto a todas las maravillas de la vida de Moisés o de los profetas, como Elías, e incluso de la vida de= Jesús. Por este lado también hay semejanzas entre los libros religiosos de = los paganos y la Biblia.  No basta= decir que las maravillas contadas por los libros religiosos no cristianos son fru= to de la imaginación popular, pero que las maravillas narradas en la Bi= blia son hechos históricos.  Tal tipo de interpretación se torna cada vez más difícil.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  Aquí también la seme= janza de la Biblia con otros libros de género similar aumenta.<= /span>

 

         = La diferencia fundamental estaría, entonces, en el contenido de esos libros.  La Biblia enseñaría una doctrina nueva que no se encuentra en ning&uacu= te;n otro libro.  Es lo que piensa = la gran mayoría de los cristianos. Sin embargo, ¿qué es e= sa realidad nueva que solamente la Biblia revela?  Esa pregunta viene siendo hecha de= sde el momento en que la Iglesia primitiva entró en contacto con el pensami= ento griego, cuando muchos cristianos procuraron determinar la originalidad del cristianismo mediante conceptos sacados de la filosofía.  Lo propio del cristianismo ser&iac= ute;an las definiciones y proposiciones que supuestamente expresan el mensaje de la Biblia mediante conceptos abstractos.  El punto de llegada de esa historia son los dogmas: proposiciones consagradas por la autoridad del magisterio. Lo propio del cristianismo sería la doctrina de los dogmas.

 

         = Sin embargo, hoy, la noción de dogma se torna objeto de la crítica teológica. ¿Qué significaría el valor absoluto o definitivo de los dogmas que tendrían la propiedad de escapar de la evolución histórica?  ¿Sería un pensamiento humano situado fuera de la histo= ria, fuera del espacio y del tiempo, en lo absoluto como si fuese el pensamiento= de Dios? ¿Cómo entender y juzgar esa doctrina?=

 

         = Durante siglos, la teología católica fue esencialmente un comentario = de los dogmas.  Los dogmas surgie= ron de las herejías.  Pero a l= as herejías se podía responder de diversas maneras: con pacienci= a o con impaciencia.  Progresivame= nte los obispos escogieron la impaciencia. La impaciencia de ellos se sum&oacut= e; a la de los emperadores que estaban preocupados por la unidad formal y por la disciplina unitaria de la religión en el imperio.  Así aparecieron los dogmas = cristológicos de los cuatro primeros Concilios ecuménicos.

 

         = Hoy, los historiadores y los observadores especializados muestran que es muy difícil descubrir clara diferencia entre monofisitas y nestorianos.<= span style=3D'mso-spacerun:yes'>  Por la impaciencia de la jerarquía, la Iglesia ortodoxa excomulgó y expulsó pri= mero a todo el patriarcado de Antioquía, esto= es, a toda la parte de lengua siríaca, abierta al Oriente.  Los llamados nestorianos llegaron = hasta la China, pero no tuvieron apoyo del Occidente, no avanzaron más y la Iglesia perdió la oportunidad de entrar en la China ya antes del año 1000.

 

         = Después de eso la Iglesia imperial excomulgó, con el patriarcado de Alejandría a todo el Egipto, que era la puerta abierta para el Africa.  De ahí salió la primera Iglesia negra, la de Etiopía, que= ya cuenta con trece siglos de existencia, pero fue también y todav&iacu= te;a es considerada herética por ser monofisita.  Por cuestión de palabras, la Iglesia perdió la entrada en Africa y so= lamente reapareció en el siglo XV con los portugueses.  Y así incluso permaneciendo= en el litoral hasta el siglo XIX.  E= so por causa de dogmas.  Era necesario expresar la fe en Jesús con palabras semejantes en todas las regiones.  La unidad de las palabras, ¿valía la separación de la mitad de la Igles= ia, perdiendo la posibilidad de evangelizar dos continentes?<= /p>

 

         = En el siglo XVI, el Concilio de Trento tornó definitiva la exclusi&oacu= te;n y la separación de los reformadores.  Los reformadores fueron satanizado= s y perseguidos.  Hubo 100 a&ntild= e;os de conflictos y la mitad de la población de Alemania fue muerta en l= as guerras de religión.  E= sas guerras provocaron la modernidad secularizada:  ya que la religión provocaba la muerte de millones de personas, era preciso buscar la paz fuer= a de ella.  Fue así que se llegó, finalmente, al tratado de Westfalia de 1648, que reconoció la división religiosa de Europa-  que hasta hoy la Iglesia Cat&oacut= e;lica no reconoce.  Ahora bien, hoy, luteranos y católicos están de acuerdo sobre la doctrina de la justificación en nombre de la cual se exterminaron durante un siglo.  ¿No habrí= ;a sido mejor tener paciencia y aceptar fórmulas diferentes hasta el momento de reconocer que, en el fondo, todos estaban pensando la misma cosa= ?

 

         = En 1870, el Papa Pío IX impuso autoritariamente la definición de= la infalibilidad, contra la opinión de gran número de obispos, de todos los católicos que estaban en contacto con el mundo moderno.  Estos sabían que la fórmula de la infalibilidad iba a provocar un rechazo tumultuoso.  Las personas letradas  de Europa vieron en ese dogma una = nueva prueba de la arrogancia y de la intolerancia de la Iglesia.  A los progresos de la ciencia la I= glesia respondía que el Papa era infalible.  Era como dar a entender que una pa= labra del Papa podía anular todas las investigaciones de las ciencias.  Hasta hoy subsiste esa fama- por lo menos en la mayoría de los europeos.  ¿Valía la pena emiti= r tal declaración? No se podía decir lo que se deseaba de modo más pacífico sin ofender al mundo y muchos católicos- incluyendo muchos obispos?

 

         = Los dogmas sirvieron para condenar y, por consiguiente, para crear cismas, separaciones que en la historia se revelaron muchas veces factores de guerr= as terribles.  Al lado de eso, los beneficios parecen bien secundarios.

 

         = En ese ambiente cismático nació la convicción de que los dogmas posibilitaban un mejor conocimiento de Jesús y de Dios que el= de la Biblia.  La Biblia era vist= a como confusa, redactada en un estilo popular.&n= bsp; Le faltaba la precisión de los conceptos.  La teología tomó por objeto principal los dogmas y dejó la Biblia como ilustración= de los dogmas: allí podrían ser encontrados los argumentos que defenderían los dogmas.  Con ese sistema, la palabra del magisterio se tornó más importante que la palabra de la Biblia- porque el sabía lo que decía la Biblia.

 

         = Sin embargo, aquí hay un problema que muchos medievales temerosos delante del triunfo de la escolástica ya expresaron: buscando la claridad, ¿no se va a ocultar el misterio de Dios?  ¿Dios mismo  quiere que las cosas reveladas que= den más claras y mejor enunciadas conceptualmente de lo que están= en la Biblia?. ¿El estilo de la Biblia no fue justamente adoptado por Dios?  ¿Dios no podía haber entregado la revelación a filósofos para que la enunciasen de modo claro, intelectual?